27 de julio – Tiempo

“Aprovechando al máximo cada momento oportuno, porque los días son malos.” Efesios 5:16 (NVI)
“El tiempo que perdemos nadie lo puede encontrar.” Narosky
Cuando leí esta frase de Narosky me impactó. ¿Dónde va el tiempo que perdemos? Cuando era chico vi una película de Superman en la que un empleado bancario encontró la cuenta a donde el banco enviaba todos los centavos de los redondeos de los pagos. Uno o dos centavos por operación eran nada. Pero el acumulado durante años de cientos de miles de operaciones, sumaban una fortuna.
Desperdiciamos el tiempo, como si fuera un bien renovable, pero nos equivocamos. El tiempo que perdemos no se puede recuperar. Se pierde. Lamentablemente, no existe una alcancía para acumular los tiempos perdidos. No quedan guardados en ningún lugar.
A todos nos gustaría volver el tiempo atrás para evitar hacer algunas cosas que hicimos y de las que nos arrepentimos. Como hacía Michael Fox en volver al futuro. Pero es imposible. Lo hecho, hecho está. Y el tiempo que perdiste hasta ahora nunca más vas a poder recuperarlo.
Por eso la Biblia es tan sabia y sus consejos permanecen vigentes. Dios no cuestiona lo que hiciste hasta ahora con tu tiempo. Sabe que ya está perdido. Te va a juzgar por lo que hiciste, pero no te recrimina por el tiempo perdido. En vez de eso, te advierte y propone que a partir de ahora comiences a utilizar bien tú tiempo. La idea de aprovecharlo es maximizarlo, utilizarlo de tal manera que produzca el mayor y mejor resultado.
Es mucho más divertido tirarse a ver la tele durante horas, o colgarse en facebook hasta las tres de la mañana. Es agradable postergar las responsabilidades y alargar el tiempo de juegos, distracciones u ocio. Pero no es productivo. ¿Cuántos minutos de tu día dedicás a leer la Biblia? ¿Cuántos minutos de tu día dedicás a orar por otros? ¿Cuántos segundos de tu día dedicás a predicar el evangelio?
¿Cuántas horas de tu día estás en Internet o viendo la tele? ¿Cuántas horas pasas hablando con tus amigos? ¿Está mal eso? No. Siempre y cuando la administración de tu tiempo sea ecuánime y pareja.
Te desafío a que anotes en una hoja, día por día y hora por hora todo lo que hacés durante dos semanas. Y que después cuentes cuantas horas le dedicaste a Dios en 15 días
REFLEXIÓN – Aprovechá bien el tiempo.

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