27 de junio – Conflicto

“Jehová te oiga en el día de conflicto, el nombre del Dios de Jacob te defienda.” Salmo 20:1 (RVR)
David fue un hombre que vivió rodeado de dificultades. Siendo pastor de ovejas estuvo siempre amenazado por los lobos u osos del campo. Allí estaba solo, no había quien lo ayudara. Su única compañía eran las ovejas que pastoreaba y ellas, obviamente, no podían asistirlo. Siendo soldado, tuvo que luchar en cientos de batallas cuerpo a cuerpo. Había muchos soldados en su batallón, pero en la locura de la batalla, nadie lo cuidaba, cada uno luchaba por su vida, y estaba solo en medio de tantos enemigos.
Siendo rey, también tuvo conflictos. Batallas que pelear y problemas que resolver. Conflictos externos con enemigos que asechaban y conflictos internos con traidores que lo querían derrocar. Aún de anciano, su propio hijo le usurpó el trono y lo buscó para matarlo. Y allí también, David estuvo solo. No había quien lo defendiera. Había muchos alrededor, pero ninguno estaba cerca. El conflicto genera eso: soledad.
Estábamos en la víspera de la operación de Juampi y nos encontrábamos muy tensos. Anestesia, cuchillo, dos caderas, tendones, morfina, pos operatorio, yeso, rehabilitación, son palabras que nos angustian y pesan todavía. Generaban conflicto en nuestra alma, y nos acongojaban el corazón. Y a veces, tanta aflicción nos hacía sentir solos, como David, en medio de una situación adversa que nos quitaba la tranquilidad.
La solución que David nos propone en este Salmo no pasa de moda. Él nos recomienda orar en el día del conflicto para que Jehová nos oiga. Es el recurso ideal en momentos de zozobra, y seguramente lo habrás utilizado en muchas oportunidades. La consecuencia maravillosa de esta arma poderosa, es la manera en que termina este verso: Dios te defiende.
Para David era una realidad cotidiana: cuando estaba en problemas, Dios lo defendía. Y a pesar de haber pasado por situaciones de conflicto y de problemas, Dios nunca lo dejó solo. Nuestro buen Padre Celestial sigue actuando de la misma manera, y hoy también nos defiende. Él escucha nuestro clamor y nos acompaña. Jamás te deja solo ni te abandona. Dios está siempre a tu lado.
Para mis días de angustia, Dios me defiende. No evitó que tuviera que operar a Juampi (aunque tiene el poder para sanarlo y hacerlo caminar), no nos evitó la dura realidad de la silla de ruedas cotidiana. Pero nos defiende, nos sostiene, nos consuela y nos alienta. Nunca nos deja solos.
REFLEXIÓN – En tu conflicto, Dios te defiende.

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