28 de Enero – Bandurria

“Entonces él comenzó a maldecir, y a jurar: No conozco al hombre. Y en seguida cantó el gallo.” Mateo 26:74
Bandurria
La bandurria es un ave que vive en la patagonia Argentina. Es un ave negra, de pico curvo y duro que se alimenta de gusanos. Lo más singular de esta ave, es que canta cuando nadie desea que cante, canta a las tres de la mañana. Y su canto no es dulce como el del canario o la calandria. Su canto son alaridos, como los de alguien sufriendo una gran tortura.
Es un alarido desesperado en medio de la noche, que molesta, asusta y descontrola. Nadie espera que cante, y la bandurria pega su alarido. Para los que viven en la zona, no tiene ningún efecto. Conocen en alarido y ya es común, pero para los visitantes, la situación es distinta.
No fue la única ave que cantó cuando nadie quería. Hubo otra que lo hizo y dejó un hombre en ruinas. Pedro se estaba calentando junto al fuego en el patio de Anás, el Sumo Sacerdote. Era el único discípulo de Jesucristo que había llegado hasta ese lugar. Dentro de la casa, los sacerdotes estaban enjuiciando al Dios hecho Hombre. Afuera, el pescador de Galilea esperaba.
Alguien lo reconoce y lo acusa. Pedro niega conocer a Cristo. Después una mujer, y Pedro vuelve a negarlo. Hubo otra acusación, y Pedro maldice y niega conocer al Señor Jesús, y entonces, el gallo cantó. Como el grito de la bandurria, para los que estaban allí, no significó nada. Estaban acostumbrados a ese ruido.
Pero para Pedro, fue un alarido desgarrador: Antes que el gallo cante, me vas a negar tres veces, le había dicho Cristo unas horas antes. El gallo cantó cuando Pedro no quería y le recordó su fracaso. Tras el grito, la mirada de Jesús, en los ojos de Pedro. No había rencor, no había reproche, solo una mirada de amor y de oportunidad. Tal vez dolor por la falta de su amigo, pero una enorme misericordia para dar otra oportunidad.
Tal vez haya alguna bandurria gritando tus errores en algún rincón de tu alma. Tal vez el gallo acusador sigue cantando y remarcando tus errores y pecados. Hoy Jesucristo vuelve a mirarte para decirte que no hay rencor en su mirada. A Él le duele muchísimo cada pecado tuyo. Pero siempre perdona.
REFLEXIÓN – El perdón de Jesús grita más fuerte.

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