28 de junio – Voto

“No me escogieron ustedes a mí, sino que yo los elegí a ustedes y los comisioné para que vayan y den fruto, un fruto que perdure. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre.” Juan 15:16 (NVI)
Regularmente, en Argentina votamos diputados y senadores, los representantes del pueblo y de las provincias en el Congreso Nacional. Durante el mes anterior somos bombardeados por publicidad de cada uno de los partidos, que buscan adeptos para conseguir el voto. Finalmente, llega el día y debemos elegir a nuestras autoridades. El resultado de las elecciones, generalmente, es en parte esperable y en parte sorpresivo. Pero lo más importante es que los argentinos volvimos a hacernos oír en las urnas, y este derecho democrático es maravilloso.
Cada uno en el cuarto oscuro eligió a quien mejor le parecía. Aquellos que no encontraron ningún candidato que los sedujera, optaron por el menos malo. Algunos votaron en blanco, otros hicieron impugnar su voto, la mayoría eligió un candidato por descarte, pero al final del día, el recuento de votos marcó los triunfos y fracasos de cada sector político.
Elegimos, y eso fue muy bueno. Pero a algunos nos quedó el sabor amargo de no haber encontrado entre las posibilidades para elegir, un candidato excelente. Aunque lo anhelemos, no siempre tenemos la oportunidad de elegir lo mejor. Sobre todo cuando queremos armar una selección buscamos candidatos de excelencia. Pero no siempre podemos.
Lo asombroso es que, por lo general, cuando los postulantes a ser elegidos somos nosotros, los mejores no siempre nos escogen. Comúnmente nos eligen aquellos que están ligados a nosotros afectivamente: nuestros amigos, nuestros familiares, o quienes nos hacen el aguante. Pero las estrellas no nos convocan, ni nos seleccionan; ni siquiera saben que existimos. Por eso Jesucristo es tan grande, porque siendo el mejor de todos los tiempos, el más glorioso, nos eligió para ser parte de su proyecto.
Si estuviéramos en alguna lista de candidatos, seguramente entraríamos como suplentes del suplente. Pero para Jesucristo, vos y yo encabezamos la lista. No le importan a Dios tus antecedentes, para Él valés muchísimo por tu potencial. Asociate a Jesucristo, potenciá tus capacidades. Dios te eligió para algo grande. Tiene confianza en vos y espera que te sumes a su proyecto.
REFLEXIÓN – Dios te vota, votate.

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