29 de Junio – Valor


En cuanto a esta casa que edificas, si caminas en mis preceptos, cumples mis decretos y guardas todos mis mandamientos andando en ellos, yo cumpliré contigo mi palabra, la que dije a David, tu padre: Habitaré en medio de los hijos de Israel y no abandonaré a mi pueblo Israel.” 1 Reyes 6:12-13 (RVR)
Valor
Las situaciones marcan nuestra vida. Siempre estamos condicionados por algo. El jefe nos condiciona para llegar temprano, el hambre para almorzar, los comentarios de los amigos en nuestras reacciones. El hombre está acostumbrado a vivir condicionado. Sin embargo, nos cuesta mucho aceptar las condiciones de Dios. Porque Dios es amor, y confiamos que por ese amor eterno que tiene, va a darnos todo lo que le pidamos. Pero Dios no tiene nietos (para malcriar), Dios tiene hijos.
Cuando se inauguró el templo de Jerusalén, Dios le dijo a Salomón que toda su bendición y cuidados estarían condicionados a la conducta de él y de su pueblo. Es significativo ver que cuando Salomón dejó de ser fiel a Dios, el pueblo hizo lo mismo. Y la consecuencia fue la división del reino y a partir de allí, todo fue de mal en peor.
Hoy Dios sigue siendo igual. Incluso estando bajo la gracia, donde se muestra y potencia el maravilloso amor de Dios, nos encontramos en la misma situación. Dios condiciona sus bendiciones a la obediencia.  Dios jamás actuará con más amor, quebrando su justicia, ni con mayor justicia, quebrando el amor. Dios es igual todo el tiempo, no cambia según las circunstancias. Siempre es equilibrado.
Es interesante notar que si nosotros obedecemos su Palabra y damos un buen testimonio, el Señor nos bendice y nos da el gozo de su salvación. Si damos honra a Dios, Él honrará nuestras vidas. Es un efecto recíproco.
Dios hoy no castiga la desobediencia como lo hacía en la antigüedad, pero tampoco nos libra de las consecuencias por las malas decisiones que tomamos, ni nos bendice si obramos mal. Cada vez que pecamos y nos alejamos de Dios, nos perdemos de disfrutar de sus bendiciones. Muchos sostienen por esto, que Dios actúa cínicamente, que es una manera elegante de obligarnos a portarnos bien.
Pero Dios actúa así porque es justo y es amor simultáneamente. Él desea bendecirte mucho, desea que estés satisfecho y feliz, y eso depende de tu obediencia.
REFLEXIÓN – Toda recompensa cuesta.

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