29 de Marzo – Examen


“Examíname, oh Dios y conoce mi corazón, pruébame y conoce mis pensamientos” Salmos 139:23 (NVI)
Examen
Hace poco escuché una oferta por demás extraña. Me comentaron que habían creado una máquina que podía leer los pensamientos de las personas.
Conectando 8 chips a las terminales nerviosas del cerebro, esta máquina podía reflejar en la pantalla de un monitor los pensamientos de una persona. Y quien estaba promocionando este invento invitó a los presentes a ofrecerse como voluntarios para hacer una prueba. Ninguno de los presentes quisimos pasar.
Obviamente la máquina no existe (lo supimos después) pero por un momento ninguno quiso ser el voluntario para exponer públicamente sus pensamientos. Todos pueden ver nuestra cara y algunos pueden suponer qué estamos pensando, pero nadie puede saber con certeza qué se nos cruza por la mente.
También comprobamos que nos daba mucha vergüenza que los demás supieran qué era lo que habíamos estado pensando. Y a pesar que te deleitás al pensar en ciertas cosas, escondés los pensamientos sucios de tus padres o de de tus amigos de la iglesia porque te dan vergüenza.
El gravísimo problema que tenemos es que en realidad la máquina sí existe. Dios conoce con lujo de detalles cada uno de nuestros pensamientos. Nada está oculto a su mirada. Es algo terrible no poder esconder de Dios lo que pensás. Y si fueras conciente de esta realidad, cambiarías con mayor facilidad tu manera de ver las cosas.
A veces nos olvidamos de esta realidad. Tenemos más vergüenza de que nuestros compañeros conozcan nuestros pensamientos, que de que Dios los sepa.
Como decía el viejo sabio Salomón “Tal es su pensamiento, tal es él”. Uno es y actúa según cómo piensa. Por eso es tan importante que llenemos la mente de los principios de Dios. No es solamente evitar los malos pensamientos sino generar pensamientos que a Dios le agraden. Y esto solo surge de leer la Biblia, de tener comunión con Dios. No es fácil limpiar la mente pero tampoco es imposible. Solo hay que llenarla de cosas y pensamientos sanos. La mente es una esponja, absorbe todo lo que le tirás. Y cuantas más cosas limpias le pongas, tanto más limpia será tu manera de penar.
Dios quiera que puedas decir como el salmista, “Examíname oh Dios, mira mis pensamientos, son limpios, son santos, son de tu agrado”
REFLEXIÓN – Que no tengas que avergonzarte de tus secretos

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