3 de Abril – Cordero

“He ahí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.” Juan 1:29
Cordero
Los requerimientos para que un cordero pueda ser ofrecido en la pascua eran extremadamente altos. Dios había detallado las cualidades que debía tener ese cordero pascual, para que sea aceptado. Menor a un año, sin lastimaduras ni quebraduras, sin tajos, ni orejas rotas. Debía ser sano e integro.
Los sacerdotes revisaban los corderos para la ofrenda pascual, para revisar si cumplían con los requerimientos divinos. Después de buscar defectos en cada animal, cuando encontraban alguno que cumplía con todos los requerimientos para el sacrificio, exclamaban: He aquí el cordero.
Juan el Bautista, había crecido en ese ambiente. Su padre era sacerdote y oficiaba en el templo. Durante varias pascuas, antes de exiliarse en el desierto para prepararse para su ministerio público, el niño Juan, habrá escuchado a su padre, decir muchas veces esta frase.
Por eso no llama la atención que cuando ve al Señor Jesucristo que aparece en el jordán para ser bautizado, Juan exclama con alegría y emoción: He ahí el Cordero de Dios, la frase tan escuchada cada pascua, y agrega un nuevo ingrediente: Este tiene el poder de quitar el pecado del mundo.
Tres años antes de padecer su pascua, ya Jesucristo fue nominado como el cordero perfecto. No había en Él ningún pecado ni defecto. Desde siempre, Cristo fue sin pecado, vivió en la santidad perfecta del cielo, y durante sus treinta años de vida en la tierra, debajo de su piel humana, jamás hubo engaño en su boca, ni nada que manchara su inmaculada presencia.
Finalmente el maravilloso anuncio del Dios hecho hombres se hizo realidad, la promesa de tantos años finalmente se cristalizaba. Casi nadie lo esperaba. Estaban todos demasiado ocupados en sus asuntos cotidianos, para deslumbrarse por la aparición del Cordero de Dios.
Solo Juan pudo verlo ese día. Que al celebrar la Pascua, tengas presente algo más que el huevo de chocolate, el feriado largo o las mini vacaciones para irte a algún lado a pasear. Es tiempo de mirar a Jesucristo, y deslumbrarse como hizo Juan hace tantos años.
Jesucristo es el Cordero de Dios, permanente y eterno, que sigue teniendo poder para quitar pecados. Incluso los tuyos, hoy, que ya no matamos corderos para pascua, sino que los cambiamos por conejos de chocolate.
REFLEXIÓN – Acercate al Cordero de Pascua.

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