3 de Enero – Continuo

 “Pero Jesús les respondió: Hasta ahora mi Padre trabaja, y yo también trabajo.” Juan 5:17
Continuo
Hoy subí al tren y estaba semivacío. El mismo tren que tomo todo el año al que me cuesta subir cada mañana, donde viajamos como ganado, apretados y pisándonos, hoy estaba con mucho espacio. Hasta me pude sentar sin dificultad. Era una sensación muy extraña viajar tan cómodo. No había nadie en el tren.  Y entonces me acordé.
En enero, la mayoría de los argentinos salen de vacaciones. Es históricamente la temporada más fuerte de vacaciones. La ciudad se vacía, las estaciones de micros, aviones y trenes se convierten en hormigueros de gente con valijas y bolsos cada quincena. Hay menos personas en la calle. Están de vacaciones.
En los trabajos tenemos que reemplazar al que se fue de vacaciones y hacer nuestro trabajo cotidiano más las tareas adicionales. Y solo se piensa en el momento que vamos a delegar las nuestras a aquellos que ya se fueron y que van a estar regresando para reemplazarnos cuando seamos nosotros los que nos vayamos de vacaciones.
Mientras viajaba tan cómodo en el tren pensando en los que se fueron de vacaciones, me acordé de este texto. Porque Jesucristo no se tomó vacaciones mientras estuvo en la tierra. Y tampoco lo hace en el cielo. Nunca se cansa, nunca se aburre, siempre tiene tiempo y está atento a las necesidades nuestras.
Y aunque trabaja más que nadie y merecería un descanso, nunca se lo toma. Porque sabe que es irremplazable. ¿Quién podría ocupar durante un día el lugar de Jesucristo para atender tantos temas simultáneamente, teniendo el poder de perdonar pecados por su sangre derramada? Es una tarea imposible.
Hoy te recuerda que para ti, Él sigue trabajando. No se toma vacaciones. Jesucristo sigue atento a tus oraciones, y te sigue cuidando con el mismo esmero y dedicación que siempre. ¡Cuántas gracias tenemos que darle a nuestro Señor, por la paciencia y el amor que nos tiene! Porque habiendo otros miles de temas en su cabeza, tiene la capacidad para dedicarnos el tiempo que esperamos, pero que no merecemos.
No importa quien seas, o cuanto valgas, o cual sea tu educación, o tu familia, o que poder adquisitivo tengas, Cristo sigue atento y trabajando para tu bien. Él trabaja de continuo.
REFLEXIÓN – Jesús no se toma vacaciones.

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