3 de junio – Rechazo

“¡Bendito sea Dios, que no rechazó mi plegaria ni me negó su amor!” Salmo 66:20 (NVI)
Rechazamos al diferente. Es casi hasta natural. Aquello que es distinto nos produce una sensación desagradable de inquietud. Tal vez pensemos que no es así, y nos creamos muy sociables. Pero, si algún conocido tiene los síntomas de la gripe porcina, nos alejamos lo más posible, usamos barbijo doble. Si tiene problemas, preferimos alejarnos para no correr la misma suerte. Ni qué hablar de las entradas a los lugares nocturnos donde los guardias de la puerta seleccionan a quienes van a ingresar por la cara, o la billetera que tienen.
En las manifestaciones piqueteras rechazan a los empresarios y a los que andan en auto, las hinchadas de los clubes pelean con sus rivales, las etnias que conviven en el mismo lugar físico luchan por su predominancia, los lindos desprecian a los feos, y así, la lista se hace interminable. Rechazamos al diferente. Revisá atentamente tu conducta de la última semana y vas a reconocer que tenés este perfil.
Nos enseñaron eso, lo padecemos a diario, lo aplicamos. Nos cuesta mucho aceptar al diferente, al que piensa distinto, al que tiene otros valores. Pero no es un problema del siglo XXI. Esto siempre fue así. El salmista vivía en una sociedad muy discriminadora. Siendo pobre, jamás podía tener acceso a una comida digna dos veces por día, ni a una cama medianamente cómoda. Apenas si podía aspirar a ser soldado para morir en la primera batalla que tuviera que enfrentar.
La división de clases era absoluta. Una gran masa de pobres sin futuro y una muy reducida clase de nobles y potentados que disfrutaban de todos los lujos posibles. Ningún noble se acercaba a un pobre, excepto cuando le daba una orden. Por eso el salmista estaba tan admirado.
Él sabía que Dios, a pesar de ser el Ser más glorioso, poderoso y perfecto del universo, jamás lo iba a rechazar. Dios nunca le negaría su amor y su cuidado. Y hoy sigue actuando igual. No importa cuánto valgas para los demás, para Dios sos extremadamente valioso e importante. Por eso, te tiene en alta estima y en lugar de rechazarte, se goza en que llegues a Su Presencia. Jamás te va a negar Su amor perfecto, por lo contrario, está permanentemente dispuesto a derramarlo en tu vida con pasión. Él nunca discrimina ni lo hará, y siempre te va a aceptar.
REFLEXIÓN – No hay rechazos con Dios.

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