3 de Mayo – Lucha

“…pero si es de Dios, no podrán destruirlos, y ustedes se encontrarán luchando contra Dios.” Hechos 5:39 (NVI)

Ya lo había dicho el viejo Quijote a su fiel acompañante Sancho Panza: “Ladran Sancho, señal que cabalgamos”. En la novela de Cervantes, anterior a ella y en la fecha actual, la lucha ha sido una constante entre los grupos humanos. Y lo más lamentable, es que esto también pasa dentro de la iglesia de Dios. En los tiempos apostólicos, la pelea venía desde afuera, hasta que el sabio Gamaliel recomendó a los fariseos de su época tener cautela.
Tal vez tanta persecución era sólo un plan tonto y sin sentido, porque querían luchar contra Dios y eso, de por sí, era y aún es una gran tontería. El hostigamiento continuó. Sin embargo, la Iglesia de Dios salió fortalecida. Pero luego, hubo un cambio. Aparentemente, el acoso a los cristianos había mermado, la Iglesia se descuidó y permitió que el enemigo comenzara a atacarla desde otros flancos. Es que ahora se había introducido sutilmente adentro y desde allí, el diablo consiguió una de sus victorias más resonantes cuando la Iglesia perdió su vocación de santidad y se acomodó al mundo.
Hoy seguimos padeciendo el mismo mal. En cada iglesia, hay un estorbo que entorpece el crecimiento. Personas alejadas de Dios que aparentan ser piadosas, pero que generan chusmeríos, disturbios y peleas. Personas que originan divisiones y que se empeñan en luchar contra Dios. Personas que sólo buscan el mal, que pretenden dañar, que separan, que lo único que hacen es desparramar la maldad.
No se dan cuenta de que están luchando en contra de Dios y de que no pueden tener un buen final. Hace dos mil años, Gamaliel se lo advertía a los fariseos. Estos individuos, que creían ser tan impecables, cometieron el terrible pecado de ir en contra de Dios. Y se equivocaron.
Hoy, muchos tontos los imitan, se creen los mejores, los ejemplos de santidad y perfección, con el derecho de criticar y censurar las vidas y las acciones de los otros. Generan divisiones, problemas y peleas. Pero no pueden detener la obra de Dios. Y como dijo el Quijote, cuando esta gente habla, es un buen síntoma. Dios está obrando y su Espíritu se está moviendo con poder. Si no, no habría tanta oposición. Siempre los perros ladran. Pero los hijos de Dios pelean con Él, y no en su contra.
REFLEXIÓN – Luchá a favor de Dios, no seas un perro que ladra.

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