30 de Abril – Decisión

“Enséñame, oh Señor, tu camino; andaré en tu verdad; unifica mi corazón para que tema tu nombre.” Salmo 86:11
Decisión
En los últimos diez años, la educación argentina sufrió un grave retroceso. Lamentablemente estamos viviendo días de vagancia y de ocio. Ya nadie quiere estudiar. Son contados los alumnos aplicados. La gran mayoría de los chicos se esfuerzan en no aprender, en no mostrar interés, en no querer escuchar.
Por eso hoy los chicos no saben, simplemente porque no estudian. El saber no se adquiere por tomarse la pastilla del conocimiento. Para saber hay que dedicar tiempo, esfuerzo y perseverancia. Nadie aprende de la noche a la mañana. Es un proceso largo y pesado, pero que rinde sus frutos.
Hoy los chicos no tienen motivación para estudiar, porque no encuentran una razón para hacerlo. Como igual pasan de año, y se pueden copiar en los exámenes, y la vida escolar es un libertinaje sin limites, aprendieron a no aprender ni a estudiar.
El salmista en cambio, sabía muy bien la importancia de aprender. Por eso le rogaba a Dios que le enseñara para aprender. Él tenía una poderosa motivación. La razón del salmista para querer aprender tanto, era que el quería andar en la verdad de Dios. Hoy como ayer, es complicado seguir la Verdad de Dios, porque va en contra de lo que la mayoría hace o piensa.
Por eso aprender los mandamientos de Dios es tan complicado. Porque nos obliga a cambiar hábitos de vida, que son comunes para los demás pero son opuestos a lo que Dios pide. ¿Cómo lograba el salmista conciliar ambos pensamientos?
Simplemente, alienaba su corazón con el de Dios. Pensaba y sentía lo mismo que Dios. Conocía tanto a Dios y sabia tan bien como era Su forma de pensar, que lo seguía sin dudas ni inconvenientes. Eso le trajo como consecuencias muchos problemas, pero la satisfacción de agradar a Dios era mayor.
Hoy también tenemos el mismo problema. Para tus compañeros, ser infiel es normal, mentir, drogarse, ver pornografía, tener envidia, llegar tarde, matar, insultar, ser indiferente, no amar, son actitudes cotidianas y normales, pero para Dios son pecados.
Un corazón alineado con la voluntad de Dios no practica esas cosas, porque sabe que Dios las detesta. El salmista había aprendido a diferenciar lo correcto de lo incorrecto, podia andar por el buen camino, porque había alineado su corazón con el de Dios.
REFLEXIÓN – ¿Y vos qué?

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