30 de Junio – Cerca


Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré claramente: Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” Mateo 7:22-23 (NVI)
Cerca
Tan cerca y tan lejos. ¿Se puede vivir así? Parecía que no, sin embargo es bastante común, más de lo que suponemos o pensamos. Se puede estar cerca de Cristo y, aún así, muy lejos de la vida que nos ofrece. Judas es un ejemplo, durante tres años parecía pero no era. Nadie se daba cuenta, su mentira era muy sólida. También pasó con el resto de los apóstoles.
Tuvieron la increíble oportunidad de relacionarse con el Señor en persona, pero, aún dentro de ese círculo íntimo, había uno (probablemente el de más confianza, ya que guardaba el dinero) que nunca experimentó un verdadero vínculo personal con Él.  Judas sabía mucho sobre Jesús. Conocía bastante bien los hábitos del Maestro, ya que guió a Sus enemigos al punto de encuentro habitual en el huerto. Lo trataba lo suficiente como para traicionarlo con un beso. Sin embargo, no conocía a Jesús como Salvador.
Nunca experimentó la relación personal y centrada en Cristo. Jamás podremos saber por qué razón hizo lo que hizo, pero algunas veces lo imitamos. Sabemos mucho de Jesucristo, conocemos sus requerimientos, cumplimos con la liturgia, asistimos a los cultos. Estamos en el grupo de los íntimos, hasta cantamos y adoramos. Pero estamos lejos. Parece que somos pero no somos.
Disimulamos y aparentamos; pero no vivimos una relación con Jesucristo. Solo Dios tiene la atribución para juzgar la salvación de cada uno. Y Él sabe perfectamente quiénes son sus hijos. Sabía que Judas lo iba a traicionar, pero no dijo nada. Hoy actúa igual. Él sabe quiénes son y quienes aparentan. Pero llegará un día cuando se cumplirá la sentencia.
Y el reclamo no será válido. No alcanza con asistir, ni con ofrendar o servir. Hay que ser. Asegurémonos de no terminar como aquél que supuso que saber sobre Cristo es lo mismo que conocerlo personalmente.
Que puedas disfrutar de una relación íntima, personal, diaria y regular con Jesucristo. Que tu conocimiento de su persona se traduzca en amor, que pueda seducirte y enamorarte, que puedas disfrutar de estar cerca suyo, y deseoso de obedecerle.
REFLEXIÓN – Jesucristo te quiere bien cerca.

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