30 de octubre – Buey

“El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su seño; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimientos.” Isaías 1:3 (RVR)
La situación del pueblo de Israel, era delicada. Los días de gloria de David y Salomón, habían pasado hacía mucho. La realidad, para ese entonces, se había tornado muy distinta.
El pueblo estaba dividido, no había recursos, y cada uno adoraba y servía a un dios diferente. Una sociedad que se decía religiosa le daba la espalda a los mandatos del único Dios. Es decir, eran sólo religiosos de nombre porque en la práctica cada uno hacía lo que mejor le parecía. Y por lo general, eso que hacían estaba en contra de la voluntad de Dios. Seguían sus propios deseos y costumbres y satisfacían sus caprichos.
Algo similar pasa hoy. Nos olvidamos de Dios. Muchos con sus labios hablan de Él y lo reconocen, pero con sus actos lo niegan. Otros tantos cuando dialogan se llaman a sí mismos cristianos, pero no actúan como si Cristo gobernara en sus vidas. Hablan, juegan, trabajan y se divierten sin mirar qué dice la Biblia sobre ese comportamiento.
Isaías debía hablarle a un pueblo que no quería escuchar. Las personas estaban lejos de Dios. Y es singular la comparación que Dios hizo con su pueblo desobediente.
Isaías les explicó que hasta el buey y el asno, saben reconocer el lugar donde descansan y el amo que los alimenta. Y que no le son infieles, porque entienden de dónde viene lo bueno que reciben. Los animales tienen la capacidad de darse cuenta quienes son los que les dan las buenas dádivas.
Y a veces, los seres humanos, que hicimos tantos avances tecnológicos y logramos realizar proezas increíbles, no tenemos esa simple capacidad. Dios dice que quien actúa así, no tiene conocimiento. Los seres humanos somos muy egoístas y tontos. Debemos aprender a reconocer de dónde vienen las bendiciones que tenemos y ser agradecidos. Cada cosa que hoy disfrutás, es por la gracia de Dios. Cada pequeña o gran cosa que podés tener, es un regalo de Dios.
Dios es la fuente de todo lo bueno que tenemos. El es el origen de toda bendición. Sea mucho o sea poco lo que tenés, es por la gracia de Dios. No te compares con otros. Tus bendiciones vienen de Dios. No le des la espalda. No muerdas la mano que te da de comer. Dios merece respeto.
REFLEXIÓN — Conocer para agradecer.

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