31 de diciembre – Próspero

“Es como el árbol plantado a la orilla de un río que, cuando llega su tiempo, da fruto y sus hojas jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera!” Salmo 1:3 (NVI)
Se acabó el 2012, y se reciben mensajes de felicidad y prosperidad para el 2013. Tarjetas de la oficina, mensajitos, mails de amigos con buenos deseos y augurios para el año que va a comenzar. Como si el cambio de calendario tuviera alguna magia para modificar situaciones incorrectas. Se viven estos días con la expectativa de un nuevo nacimiento y el deseo mejorar. ¡Cuántas copas se levantarán hoy deseando un feliz año nuevo!
Creo que es un deseo lícito y necesario. Necesitamos esperanza, la vida sin proyectos no es vida. Por eso es tan importante tener metas. Y si el cambio de año, provoca en nosotros este deseo de mejorar, de progresar, de modificar lo deficiente, vale la pena cambiar de año. Y el salmista nos deja un consejo muy sabio para terminar el año y comenzar el otro.
Para que los buenos deseos se conviertan en realidades, no hay que depender de la buena fortuna. Dios nos deja bien claro cual es su metodología de trabajo para prosperar y estar satisfecho. Dios nos ofrece la posibilidad de tener un año prospero, como el árbol que está plantado a la orilla de un río. Fresco, vital, con fruto, agradable.
Y para lograr este objetivo, nos pone una sola condición: que esté tu delicia en la ley de Jehová y en ella medites de día y de noche. ¡Asombra como Dios hace simple lo complicado! Uno se rompe la cabeza planificando de qué manera progresar, y Dios lo simplifica poniendo solo esta condición. Meditar en la Palabra de Dios y deleitarse en ella, es la llave para la prosperidad.
Si analizamos el año que pasó, seguramente descubriremos que durante muchos días no hicimos esto. Y las consecuencias las percibimos en las metas alcanzadas. Lo hecho, hecho está y no puede ser modificado. Pero es bueno aprender de los errores. Si nos hubiera gustado tener un mejor 2012, tal vez nos hubiera convenido hacer las cosas distinto. Hoy Dios nos propone planificar bien.
Que al momento de desearnos felicidades, tomemos conciencia de que los buenos deseos se pueden llevar a la realidad, si encontramos, meditamos y vivimos la Palabra de Dios. ¡Que tengas un próspero año nuevo!
REFLEXIÓN – Podés tenerlo. Depende de vos.

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