31 de julio – Acción

“Y como queréis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” Lucas 6:31 (RVR)
Antiguamente, en Israel, había una norma que establecía, “no hagas a los otros, lo que no te gusta que te hagan”. Y era una norma sabia, porque impedía hacer mal a otra persona. Si no me gusta que se burlen de mí, entonces no debo burlarme de los demás.
Hoy en día, hemos avanzado (o retrocedido), y en vez de esa norma, existe la de “no te metas”, que es mucho más cómoda, y tampoco es dañina. Quienes llevan a cabo esta última, viven en la indiferencia. No hacen nada malo, pero tampoco nada bueno. No se paran a ayudar a alguien que tiene la goma del auto pinchada, “porque quizá sea un ladrón“, no se detienen a ver por qué un niño pequeño llora “porque si menos sabes, menos drama te haces”.
Jesucristo va un paso adelante. Y Él nos alienta a vivir en positivo. Cambia estas dos reglas, que se basan en el no hacer, por una que implica hacer. “Trata a los demás como querés que te traten“. Acá cambia el concepto. Dejamos de ser actores pasivos para convertirnos en artífices protagonistas.
Cómo cambiaría nuestra relación con los demás si adoptáramos este precepto. Es cierto que a veces uno se cansa, que no siempre uno recibe inmediatamente lo que siembra, pero como dice Pablo a los Gálatas “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos si no desmayamos“.
Si querés que te sonrían, tenés que sonreír, si querés que te digan cosas lindas, tenés que decir cosas lindas, si querés que sean agradables con vos, tenés que ser agradable, si querés ser amado, tenés que amar. Tenemos la enorme posibilidad de crear y de hacer. Tenemos la enorme responsabilidad de iniciar un cambio de actitud. Frente a tanta gente que habla mal, actúa mal, y piensa mal, nosotros podemos provocar esa transformación.
Sólo tenemos que ser valientes y empezar. Cuesta mucho empezar a hacer algo distinto, pero cuesta mucho más continuarlo. Dios está de nuestro lado, para que comencemos a cambiar la manera de ser de los que nos rodean.
Que imiten nuestro ejemplo, que se contagien de nuestra buena onda, que se copien de nuestro amor, que traten a los demás como quieren que los traten a ellos.
REFLEXIÓN — Una acción vale más que mil palabras.

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