31 de Julio – Imitación


Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.” Juan 8:6-7 (RVR)
Imitación
Esta historia es extraordinaria. Cada vez que la leo intento meterme entre los personajes para tratar de imaginar las sensaciones del relato. A veces, leer las historias de la Biblia se hace como rutinario y las palabras parecen no tener sentimiento. Si leemos rápido la historia perdemos ciertos matices que, si lo viéramos en una película podríamos apreciar.
La trampa era perfecta. La ley de Moisés condenaba a la mujer (y también al hombre, a quien no habían traído) y le pidieron a Jesucristo que se expidiera: ¿la apedreamos o no la apedreamos? Si Jesús aceptaba la condena a muerte sería acusado de falta de amor y misericordia. Si decía que la eximieran, sería acusado de faltar a la ley de Moisés. Cualquiera de las respuestas condenaba su imagen pública y les daba a sus acusadores una razón para condenarlo socialmente. Jesucristo sabía esto. Conocía el corazón corrompido de esos supuestos religiosos. En este relato hay un detalle genial digno de imitar.
La situación era extremadamente tensa. Había muchos hombres con piedras en las manos deseando apedrear a la mujer, una multitud incentivada para agredir, acusaciones a los gritos, violencia de género, presión, tensión. Y en el medio de todo esto, Jesucristo escribía en la tierra. Los hombres se vuelven intolerantes y exigen una respuesta: ¡Ya, tenés que responder ya! Y el Gran Maestro nos enseña en dos frases, un ejemplo maravilloso. Frente a la insistencia, se tomó su tiempo, dejó de escribir, se enderezó y luego habló. La prudencia de Jesucristo de no dejarse intimidar y no apurarse, le hizo tomarse su tiempo para responder. Por eso pudo responder con excelencia divina.
En estos tiempos que respondemos ante la primera incitación con veloz violencia, cuando saltamos como leche hervida por cualquier inconveniente, cuando hablamos sin pensar y sin medir las palabras, Jesucristo nos enseña que la Gracia de Dios se toma su tiempo para responder, y que es fundamental pensar antes de hablar o de actuar. Hoy el ejemplo de Jesucristo nos deja un desafío impensado para este urgente y violento siglo XXI: tomarse un segundo para pensar antes de hablar. ¡Qué ejemplo glorioso que nos dejó Jesucristo!
REFLEXIÓN – Pienso, luego hablo.

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