4 de Abril – Lucha

“Y fueron los hijos de Ulam hombres valientes y vigorosos, flecheros diestros.” 1 Crónicas 8:40
Lucha
La película “300” cuenta la épica pelea de trescientos espartanos contra un ejército de miles de soldados persas. Hay una escena que impacta cuando se muestra a un soldado espartano herido, con su armadura abollada y parcialmente rota, cansado y rodeado de enemigos muertos, con su espada todavía en la mano, que levanta la cabeza. En su mirada hay angustia por sus amigos muertos, hay dolor por las heridas recibidas, hay cansancio extremo por horas de lucha constante. Y ve que otro batallón de soldados enemigos se aproxima para atacarlo.
A pesar del cansancio, de las heridas recibidas, de lo injusto y desproporcionado de la pelea, el espartano, levanta su espada y sale al encuentro de sus enemigos para darles batalla.
Me gusta mucho una canción que en una estrofa dice:
Luche como un soldado, a veces sufrí.
En la lucha he ganado, pero mi armadura he desgastado, vengo a ti.
Al escucharla me acuerdo de esta escena. Emocionaba ver a ese soldado que seguía peleando a pesar de tantas contras y desventajas, a pesar de las heridas, el cansancio y la soledad. Había pasión en su espada por la causa que defendía. Luchaba como un soldado. Como los hijos de Ulam, hombres valientes y fuertes, diestros en el uso de sus armas, que sabían pelear.
Hombres que marcaban la diferencia, que en el campo de batalla se hacían notar, que inclinaban la balanza para su lado, por la fuerza que le ponían a lo que hacían. Luchaban como soldados.
¿Como esta hoy tu armadura? Tal vez esta desgastada de tantas luchas, tal vez tienes el corazón cansado de marcar la diferencia. Tal vez son demasiadas las desventajas que tienes para seguir peleando. Y querés renunciar. Preferís tirar tu espada y dejar de pelear. Parece una pelea sin sentido, sin recompensa, con mucho para perder y nada para ganar.
Hoy Jesucristo vuelve a pedirte que seas como los hijos de Ulam, valiente y vigoroso, que sigas de pie en este mundo oscuro, mostrando la Luz de Jesús. Tenemos una batalla que pelear, contra las costumbres de esta sociedad, contra los malos hábitos, contra el pecado, contra el imperio del diablo, contra los traicioneros malos pensamientos que azotan el cerebro.
No podemos bajar los brazos, ni rendirnos. ¡Vale la pena seguir peleando!
REFLEXIÓN – Lucha como soldado.

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