4 de Diciembre – Enamorarse


Pero tengo contra ti que has dejado tu primer amor.” Apocalipsis 2:4 (NVI)
Enamorarse
Recuerdo el primer día que besé a mi mujer. Parecía que había electricidad en el ambiente. Todo fue increíble. Pasaron varios años y hoy, cada vez que nos besamos generamos la misma sensación. Muchas cosas cambiaron, ahora estamos casados, más viejos. Nos conocemos mucho mejor, sabemos los defectos y virtudes del otro, sabemos qué cosas gustan y qué cosas molestan. Todo eso, en lugar de perjudicar a la pareja, la fortalece. Y cada día trabajamos en incrementar el amor que nos une.
El grave problema de las parejas de hoy es la rutina. ¿Hace cuánto que no le tomás la mano a tu mujer cuando caminan por la calle? El amor debe ser cultivado y cuidado cada día para que se mantenga fresco y creciendo.
Lo mismo pasa con Dios. Muchas veces confundimos activismo con amor. Creemos que por estar en varias comisiones, a cargo de las actividades especiales de la iglesia, participando en los conjuntos musicales y en la escuela bíblica, amamos a Dios, pero a veces nos pasa como a los hermanos de Éfeso.
Eran cristianos ejemplares. Servían a Dios con dedicación y esmero. Tenían la sana doctrina. Estaban tan ocupados en la obra del Señor, que se olvidaron del Señor de la obra. Pero más que estar ocupados trabajando en la obra, Dios pretende que disfrutemos de su presencia. Él desea que pasemos tiempo a solas con Él.
A veces por el apuro diario, apenas leemos a las apuradas un pasaje, y cuando no estamos demasiado cansados, a veces oramos por algo más que por los alimentos y alguna necesidad urgente personal.
Pero esa no es la manera de alentar y aumentar nuestra relación con Dios. Cuando estamos de novio, intentamos pasar juntos la mayor cantidad de tiempo.  Hacemos hasta lo imposible por vernos todos los días. Si no tenés ese deseo es porque quizá te esté faltando volver a disfrutar de ese primer amor.
Si leer la Biblia, orar y asistir a la iglesia es un peso, es aburrido y no te llama la atención, no mires lo que te rodea buscando un elemento para cambiar. Mirá tu interior, fijate cuánto amás a Dios, cuánto deseás estar con Él y modificá ese deseo.
REFLEXIÓN – Para enamorarse de Dios hay que pasar tiempo con Él.

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