4 de julio – Obediencia

“Pero el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor del anatema, para ofrecer sacrificios a tu Dios.” 1 Samuel 15:21 (RVR)
Es horrible ver cuando alguien quiere auto justificarse, por una acción que hasta él mismo sabe que fue mala. Saúl venía de una incursión. La orden de Dios había sido que destruyera todas las pertenencias de sus enemigos: la ciudad, los animales, todos los habitantes. No podía quedar nada con vida ni podía tomar botín. Era una orden dura, pero bien clara y terminante.
Saúl vuelve con la victoria, y tras el ejército vencedor se escucha el balido de las ovejas y el mugido de las vacas. Cuando Samuel lo interrogó por esto, en lugar de hacerse cargo de que había desobedecido la orden directa de Dios, Saúl hizo igual que lo que solemos hacer mucho nosotros: echarle la culpa a otros. Y dijo dos cosas que demuestran de qué forma terrible había quedado su situación frente a Dios.
Primero contestó que fue el pueblo el que tomó lo mejor del anatema. Anatema es una palabra que se usa para identificar todo lo que Dios desaprueba. Pero, Saúl permitió que el pueblo tomara cosas de lo que Dios desaprobaba.
Hay límites en la vida que deben ser respetados. Dios pone los límites, y el límite es salud mental. Si no se respetan, las personas se vuelven caprichosas y dañinas. Por eso es tan necesario obedecer a Dios, nos proporciona salud mental. Aunque no nos guste lo que tenemos que hacer, aunque el anatema sea muy lindo y agradable, Dios nos llama a dejarlo.
Vos sabés bien cuál o cuáles son las cosas que tomás y que Dios prohíbe.
Lo segundo que Saúl intentó aclarar, es que habrían tomado los animales para hacer un sacrificio “a tu Dios”. No era el Dios de Saúl, era el Dios de Samuel. Jamás podremos obedecer y respetar a Dios, si es el Dios de otro.
Es muy duro vivir bajo la sombra del Dios de tus padres, de tus maestros, de tus amigos. Eso frustra y complica la existencia. Para solucionar esto, y hacer livianos los mandamientos, es básico tener un Dios personal. No conocerlo de segunda mano, o por lo que otros nos cuentan.
Tenés que tener a Dios como TU Dios. Personal, único y primario.
Cuando puedas disfrutar la relación de amor con Dios, vas a poder evitar los errores de Saúl. Todo pasa por tu elección individual.
REFLEXIÓN — La obediencia, es tan personal como Dios.

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