5 de Agosto – Fuego


“Porque Jehová, tu Dios, es fuego consumidor, Dios celoso.” Deuteronomio 4:24 (NVI)
Fuego
Una de las cualidades de Dios es su inmutabilidad. Dios no cambia. Es permanente, siempre es igual.
Y en estos días donde todo es cuestionable, donde no hay respeto ni ética, los cristianos a veces vivimos con una visión parcial de Dios. Sobre la base de la gracia, consideramos a Dios como nuestro Padre amante, que perdona nuestros pecados y siempre espera que nos arrepintamos.
Pero nos olvidamos de ver la otra cara de la moneda. No es que deja de amarnos, pero también es justo y santo. Su justicia no invalida su amor, ni su amor invalida su justicia. Tomamos solo la parte que nos conviene y olvidamos la parte que no nos gusta. Hasta creemos que por olvidarla, deja de existir.
Dios sigue siendo un Dios celoso. El celo es querer ocupar el lugar de otro. En el caso de Dios, Él desea ser el centro y dueño de tu vida.
Tiene el derecho de serlo ya que compró ese derecho a precio de sangre, y en lugar de obligarnos, solo espera. Pero envueltos en esta cultura light y permisiva, lo destronamos y lo dejamos de lado permanentemente.
Ya no hay más ídolos de madera que alejan el corazón de Dios pero tenemos otros ídolos que sacan a Dios del primer lugar en la vida. La familia, la diversión, el fútbol, las amigas, internet, un recital, el estudio, la fiaca, tantas cosas lícitas y buenas que podemos hacer y disfrutar, pero que no deben reemplazar o desplazar a Dios.
Si hay algo que le resta tiempo a tu comunión con Dios, al momento de oración o a la comunión con los hermanos en la iglesia, ese algo, está desplazando a Dios.
Que la intimidad no te quite reverencia. Aunque Dios sea nuestro Padre amante, sigue siendo Dios y merece respeto. Es cierto que Dios es tu Padre, pero no deja de ser Dios. Es digno del mayor respeto y reverencia. No hay lugar para lo chabacano y vulgar en su presencia.
Debemos recordar siempre que Dios es celoso. No desea que nada ni nadie ocupen el lugar más importante de nuestra vida. Él debe ser el Rey. Él debe ser el Dueño. Él debe ser el Centro. Ama a Dios y haz lo que quieras.
REFLEXIÓN – No tientes a Dios, es fuego consumidor.

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