5 de Marzo – Betty

“Mucho valor tiene a los ojos del Señor la muerte de sus fieles.” Salmo 116:15
Betty
Los antiguos vikingos tenían un ritual muy especial para despedir la muerte de sus héroes. El cuerpo sin vida del guerrero era puesto en un barco con todas sus armas y trofeos de guerra, se incendiaba y se lo dejaba libre en el mar. Así honraban a sus guerreros valerosos que comenzaban de esa manera su viaje a traes de la muerte.
Siempre la humanidad ha honrado la muerte de sus héroes y les rindió tributo en su despedida de este mundo. Es una manera de reconocer su esfuerzo y ofrecerles honor y gloria.
El 4 de Marzo del 2007 falleció a los 84 años Beatriz Bisio de Racciatti. Tal vez para vos sea solamente el nombre de una abuelita. Pero ella fue mucho más que eso. Fue una guerrera, una sierva de Dios ejemplar. Y se fue como vivió, con una sonrisa, sin llamar la atención, en silencio. Uno guardaría sus palabras de gloria para alguien que logró cosas increíbles en su vida, construyó imperios, dominó a sus enemigos o alcanzó triunfos imposibles. Pero Betty, que aparentemente no tuvo nada de eso, merece su réquiem.
Durante toda su vida, mostró el amor de Dios en una sociedad que vive sin amor. Nunca se quejaba, nunca se cansaba, todo el tiempo estaba dispuesta a ayudar al otro. Jamás faltó una torta y un vaso de refresco para recibir a quien iba de visita a su casa. Siempre estuvo con la olla llena para hacer un te para los jóvenes de la iglesia y con la pizza caliente para que todos coman y queden satisfechos. Nunca se apagó su sonrisa de amor, ni su beso cariñoso. Para todos tenía una palabra de aliento.
Claro que sufría, que se cansaba, que lloraba, que se dolía, pero nunca se dejó vencer. Ella estaba enamorada de Jesucristo y quería imitarlo cada día. Su vida fue un servicio continuo para Dios y para sus semejantes.
Tal vez para algunas personas, su vida no tuvo demasiado valor. Pero estoy seguro que cuando entró en el cielo, todos los santos se pusieron de pie para recibirla y darle honor a una guerrera, que en lugar de espadas y escudos, tuvo cucharones, pizeras, repasadores, sonrisa y amor. Y Dios le dio su recompensa merecida. ¿Qué van a decir de vos?
REFLEXIÓN – ¿Cuál sería tu réquiem?

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