5 de marzo – Pensar

“Cuando vayas a la casa de Dios, guarda tu pie. Acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios, quienes no saben que hacen mal.” Eclesiastés 5:1 (RVR)
Hay consejos que a veces parecen muy duros, pero que ayudan mucho. Nadie los quiere, pero son necesarios para estar mejor. Este es un típico consejo que parece lastimar, pero que encierra una gran verdad que si la aplicamos en la vida, obtendremos enormes resultados.
El hombre más sabio del mundo, nos da este consejo, que parece muy tajante, pero que encierra una gran verdad. Es muy común que cuando algo malo nos pasa, nos acerquemos a Dios en oración y le pidamos que nos ayude. Pero a medida que el tiempo pasa, si la situación no mejora, nos ponemos más impacientes y oramos cada vez con más intensidad.
A pesar de lo mucho que oremos, o de lo bien que nos portemos, a veces la situación no mejora. Entonces, entramos en la etapa de las promesas. Cuando hablamos con Dios, le ofrecemos que vamos a hacer esto o aquello si nos soluciona nuestro problema. Nos comprometemos a ser mejores y cambiar lo deficiente, a cambio de que Él nos ayude a salir del aprieto. Pensamos que portarnos bien, o hacer buena letra, va a condicionar el favor de Dios.
Pero, una vez recibida la ayuda de Dios, muchas veces nos olvidamos de lo que habíamos prometido, y no cumplimos. Este es justamente el sacrificio de los necios. La promesa de los tontos. Promesas que se hacen en un momento de desesperación y están condenadas a expirar sin ser satisfechas..
Es cierto que cuando todo está mal, uno intenta mejorar de cualquier manera. Puede ser que tu problema hoy sea muy pesado, y que lo vengas soportando durante mucho tiempo. Nadie sabe cuanto pesa y angustia el problema del otro. Dios sí lo sabe, Él tiene el control. Pero no actúa en nuestro tiempo. Y no creas que el silencio de Dios encierra olvido o apatía, sólo es una oportunidad divina.
No dejes que la desesperanza te gane. No permitas que la angustia te haga caer.
No prometas lo que no vas a poder cumplir. Dios sabe de tu problema. Dios está consciente de tu sufrimiento y necesidad. Dios te ama. No hace falta que te vayas de boca con falsas promesas para que Dios te dé la solución.
REFLEXIÓN — Mejor que hablar, es pensar.

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