5 de Mayo – Cabido

“…ni den cabida al diablo.” Efesios 4:27 (NVI)
Pululan por Internet cientos de miles de virus. Llegan seguido esos mails masivos avisando que no abras un mail con determinado título o asunto, advirtiéndote que si lo hacés, un virus borrará tu disco rígido sin solución. Sólo hace falta aceptar el mail para que el mal se apodere de tu máquina. Únicamente hay que darle cabida. Muchos ingenuos abren el mail pensando que todo es una mentira, o que no puede ser tan grave, o que pueden manejar la situación.
Pero el virus es letal y destroza el disco rígido sin piedad. Pablo no sabía nada de Internet, de virus o de discos rígidos, pero tenía muy claro el concepto de abrir puertas. Sabía lo peligroso que era dejar una puerta sin traba. Parecía cerrada, pero era el lugar por donde los bandidos, los ladrones o los asesinos entraban. Si les dabas cabida, te iban a hacer mal.
Hoy que vivimos días tan inseguros, y que tenemos tantos cuidados para que no nos roben cuando guardamos el auto o salimos a hacer compras, nos descuidamos con ingenuidad frente a nuestro enemigo más poderoso. Y le dejamos al diablo una rendija en la puerta de nuestra mente pensando que podemos manejar la situación, que somos capaces de decir basta, que sabemos decir que no. Pero nos equivocamos.
Una vez que el diablo tuvo cabida en nuestra mente la influencia, la incentiva, y la hace pecar. No es fácil resistir al pecado cuando está dándonos vuelta frente a los ojos, pero es casi imposible decirle que no cuando ya le dimos un mínimo espacio y se alojó en nuestra mente. No pecamos todavía, pero es sólo una cuestión de tiempo. No nos damos cuenta el gravísimo error que cometemos cada vez que le damos un lugar, por pequeño que sea.
Ninguno en su sano juicio abriría un mail sabiendo que contiene un virus, pero a diario abrimos nuestra mente a las insinuaciones del diablo para tentarnos a pecar. Nos gusta coquetear con el pecado y creemos que somos lo suficientemente fuertes como para alejarnos antes de caer. Pero la realidad es que no lo hacemos. Y caemos reiteradamente a pesar de las advertencias de Dios.
Es un trabajo muy arduo estar siempre en guardia, pero es necesario. Ningún boxeador se descuida en el ring, porque sabe que apenas lo haga, recibirá un golpe brutal. Ningún cristiano debiera descuidarse ni bajar la guardia, porque sabe que si lo hace, el diablo va a atacar.
REFLEXIÓN – No des cabida al diablo.

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