5 de noviembre – Servir

“Porque ni aun el Hijo del hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.” Marcos 10:45 (NVI)
¿Para qué estamos en la tierra? Esta pregunta existencial viene taladrando el cerebro de los filósofos y pensadores desde siempre. Todos nacemos, vivimos y morimos, pero si la vida del hombre consistiera solamente en esto, sería lamentable. Vivir sin metas, ideales u objetivos hace que la vida sea chata y mediocre..
Por esta razón, es que el ser humano se inventa objetivos de vida: formar una familia, obtener un mejor empleo, desarrollarse como persona, ser exitoso, cambiar el auto, poder comprar la casa, divertirse, recibirse en la universidad, proyectar los sueños, alcanzar las metas, tener amigos, son todas alternativas de logros que los seres humanos nos fijamos para nuestra vida en la tierra. Habrá obviamente, tantos objetivos como personas hay en la tierra, pero éstos son los más comunes. Son metas deseables y buenas.
Sin embargo, la Biblia nos presenta otro desafío. Siglos de dominio demoníaco, ha hecho que las mencionadas recién sean el prototipo de proyectos para la humanidad, pero Dios tuvo, tiene y tendrá otra idea. Hay una sola razón por la cual Dios nos puso en la Tierra, y es la misma razón por la que Jesucristo vino a este mundo. Y la encontramos en este verso. Cristo vino para servir, para ponerse a disposición del otro.
Él que era el dueño de todo, vivió con este concepto. Alimentó a los 5000 y cuando todos se fueron a descansar con la panza llena, Cristo subió al monte a orar. ¿Le hacía falta? No, pero lo hizo para dejarnos un excelente ejemplo. Bajó del monte donde se había trasfigurado en gloria, y había una discusión. Lejos de desentenderse del tema, aunque estaba cansado, sanó a un niño y solucionó así un problema. En la última cena, a horas de la cruz, tuvo el cuidado de lavarles los pies a sus discípulos, porque nadie quería hacerlo.
Jesucristo nos dio Su ejemplo de vida. Él vivió para servir. Y Dios nos llamó para el mismo fin. Seguramente ahora estás muy ocupado planificando tu vida y tus actividades para pensar en esto. Pero eso es un error. Más importante que tu dinero, tu master, tu trabajo o tu familia es la razón por la que Dios te dejó en la Tierra: servirle a Él. Ojo con tus prioridades.
REFLEXIÓN – Si no servís, no servís.

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