5 de Octubre – Cincuenta


Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores, ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión y cada cual volverá a su familia.” Levítico 25:10 (RVR)
Cincuenta
El año cincuenta para el pueblo de Israel era el año de la celebración.  Ese año era cuando el esclavo judío recuperaba la libertad, el que tenía deudas era perdonado, el que tenía una hipoteca sobre su casa quedaba exonerado del pago, o quien había vendido su propiedad para pagar deudas la recibía nuevamente.
Suena raro este concepto pero Dios lo puso como ley para evitar que haya abusos y pobreza. Por eso se celebraba el año del jubileo, el año de la alegría, el año cincuenta era fiesta.
Mis papás cumplieron 50 años de casados e hicimos una celebración como corresponde. Si hubiera sido un casamiento, hubiera sido sencillo darles un consejo porque ya estoy casado. Pero, ¿qué consejo se le puede dar a quienes cumplen cincuenta años de casados? Así que optamos simplemente por agradecer y celebrar. En estos tiempos donde las relaciones duran tan poco, donde es tan común hablar de separaciones y divorcios aun en la iglesia, cuando la infidelidad conyugal es moneda corriente, cuando el valor de la familia está tan depreciado, celebrar cincuenta años de casados es más que meritorio.
Y me llamó la atención una frase que dijo un tío mío: “Eduardo y Dorita (mis papás) no tienen vida privada. Su vida es la iglesia”. Analizando lo que quiso decir, me di cuenta que era verdad. Que desde que tengo memoria, mis papás están involucrados en la iglesia sirviendo a Dios. Que están en todas las reuniones, son los que abren y cierran el templo, los que apagan la luz y el gas antes de irse. Los que reparten a los chicos cuando es tarde y asisten en todos los ministerios.
Desde que tengo memoria, los viernes funciona una reunión de adolescentes y hasta ahora, ellos siguen apoyando cada viernes esa actividad, no importa cuál sea el líder de turno, ellos están. Son un ejemplo de constancia y tenacidad que no conoce de cansancios, excusas, enfermedades o indiferencias. Entonces me pregunté ¿qué motiva a alguien ser fiel a su matrimonio y a Dios durante cincuenta años? La respuesta es tan obvia como genial: Dios, simplemente Dios. En estos tiempos  de tanta indiferencia y comodidad, son un ejemplo a seguir.
REFLEXIÓN – Que puedas celebrar tus cincuenta.

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