5 de septiembre – Razón

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo sino la gracia de Dios que está conmigo.” 1 Corintios 15:10 (RVR)
Escuché hace poco una vieja canción que me había dejado pensando cuando era más joven, que decía así: “Cuéntale a tu corazón, que existe siempre una razón, escondida en cada gesto. Del derecho y del revés, uno solo es lo que es, y anda siempre con lo puesto. Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.”
Siempre tenemos una razón escondida en cada gesto, ya que condicionamos nuestro accionar a nuestro pensamiento o conveniencia. Si vamos a comer a la casa de la suegra, nunca decimos que la comida está fea (aunque no nos guste), porque elegimos no lastimarla en sus sentimientos. Entre los amigos suele haber cargadas muy duras, que se dicen con un tono jocoso. Parecen hasta cómicas, pero cada burla lleva implícito el ataque a una debilidad o deficiencia del destinatario de la broma que duele o lastima. Siempre hay una razón para cada gesto, porque somos de acuerdo con lo que pensamos.
Pablo sabía eso, por lo tanto pudo decir tranquilo: “yo soy lo que soy”. Y Pablo era, sin lugar a dudas, un ejemplo de cristiandad. Alguien que mostraba a Cristo en cada acto. Pablo sabía que cada gesto tiene una razón que lo fundamenta. Que si el Espíritu de Dios maneja la mente, la voluntad y la emoción de una persona, puede generar que su accionar sea el reflejo de lo que Dios quiere.
Vos también sos lo que sos. El problema es analizar qué razón motiva tus acciones y tus gestos. Pablo podía decir tranquilo que él actuaba de esa manera por la Gracia de Dios, que lo motivaba a obedecerle a costa de todo. ¿Podés vos decir lo mismo? ¿Cuál es la razón que te mueve a actuar como lo estás haciendo? Hoy Dios te llama a un autoanálisis personal. A revisar tu conducta y los motivos que la condicionan.
Definitivamente, no somos como Pablo, estamos muy lejos de poder imitarlo. Pero tenemos el mismo potencial. Tenemos el mismo Espíritu que motivaba a Pablo. Tenemos la misma Gracia que disfrutaba Pablo. Sólo nos hace falta tener la misma voluntad.
REFLEXIÓN – ¿Qué sos? ¿Cuál es tu razón?

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