6 de Septiembre – Proyectar


“Jehová, Dios de los espíritus de toda carne, ponga sobre la congregación un hombre,… para que la congregación de Jehová no sea como rebaño sin pastor.” Números 27:16-17 (RVR)
Proyectar
Este fue el pedido de Moisés a Dios, un pedido muy complicado. Moisés estaba pidiendo un sucesor, alguien que pueda guiar al pueblo cuando él ya no esté.
¡Qué difícil habrá sido para Moisés pensar en esto! Moisés era El Líder del pueblo. Un pueblo de más de 2 millones de personas, a quien había guiado por el desierto por muchos años. Él sabía que era muy bueno en lo suyo. No era orgullo, era la realidad, hacía  bien su trabajo.
No había otro como Moisés. Era el mejor en su trabajo. Nadie podía igualarlo. Había recibido de Dios mismo la orden de sacar al pueblo de Egipto, había traído las plagas, había hecho milagros asombrosos, había capitaneado a un pueblo rebelde, había hecho grandes proezas, y ahora tenía que buscar un sucesor. Seguramente pensaba que no había nadie que pudiera imitarlo en su tarea, nadie podría hacer las cosas como él. Él seguía siendo el mejor.
No hay nada más terrible para un hombre público, que dar un paso al costado. Siempre posterga la decisión de renunciar. Es como el futbolista que posterga su retiro. Aunque sabe que ya no rinde, espera hasta el próximo partido, para anunciarlo.
Habrá sido muy difícil para Moisés reconocer que debía dejar su lugar, que debía dejar el puesto a la generación que venía detrás de él aunque sean inexpertos, y no tengan sus cualidades y sus virtudes.
Pero Moisés nos deja un ejemplo sublime. Él le pide a Dios que le muestre quién iba a reemplazarlo. Pero no se quedó solo con ese deseo sino que estuvo preparando diligentemente a su sucesor, cuidando su carácter, su educación, sus proyectos y sus tiempos. Invirtió tiempo en preparar a alguien que pudiera continuar con la Obra de Dios.
Y cuando llegó el momento preciso, Moisés dio un paso al costado para que Josué continúe la tarea. Ya estaba listo y preparado para hacerlo.
Hoy también necesitamos preparar a las siguientes generaciones, y adiestrarlas en el Evangelio. No es el trabajo de algunos, es una responsabilidad de todos. Debemos preocuparnos por mantener y agrandar la Obra de Dios. Debemos preparar líderes para que el rebaño no quede sin pastor.
REFLEXIÓN – Es necesario proyectar.

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