6 de septiembre – Alegría

“Sácianos de tu amor por la mañana, y toda nuestra vida cantaremos de alegría.” Salmos 90:14 (NVI)
Para las eliminatorias del mundial de Sudáfrica 2010 recibimos al equipo de Brasil que jugaba de local. La expectativa antes del partido era enorme. Volveríamos a jugar en la ciudad de Rosario después de 20 años, y necesitábamos un triunfo para asegurarnos un lugar en el campeonato.
Se habían agotado las entradas apenas salieron a la venta. Queríamos que la selección ganara. No importaba que jugara bien o mal. Lo único que esperábamos era el triunfo.
Cuando comenzó el partido parecía que se iba a cumplir con lo deseado. Argentina dominaba y atacaba. No tenía mucha claridad, pero estaba mejor que Brasil. Pero a los 24 minutos del primer tiempo sucedió lo impensado. Gol de Brasil. Puñalada al corazón y al alma. Seis minutos después, otro gol de Brasil, y en el estadio se hizo silencio absoluto.
El resultado 3 a 1, y la alegría nada más que brasileña. Mientras yo sufría el partido y el resultado, Connie mantenía su alegría intacta. Siempre sonriendo, jugó con sus muñecas, pidió jugo, corrió por toda la casa, pidió su celular, quiso hablar por teléfono. Ni se enteró del resultado del partido. Su alegría innata no se vio afectada por los goles de Brasil. Su sonrisa no se alteró por el fútbol. Y me llamó a la reflexión.
¿Por qué los argentinos estuvimos tan tristes al día siguiente del partido? ¿Por qué mi hija podía mantener la alegría y sonreír con inocencia cuando todos los demás alternaban enojo, frustración, decepción y tristeza? David me dio la respuesta. La alegría de Connie no dependía de cómo saliera ese partido. Estaba en otra cosa.
Y David sabía mucho de esto. Por eso es que le suplicaba a Dios que lo saciara con Su amor, para que su alegría no faltara. Era posible que le faltaran otras cosas, que tuviera pérdidas y frustraciones, que sufriera fracasos y derrotas, pero David podía alegrarse cada día, porque estaba sostenido por el amor de Dios.
Si tu humor cambia según el resultado de cada partido, si estás cansado de sumarte a la derrota diaria, si te cuesta sonreír y vivís apagado, aprendé de Connie, cuya alegría no depende de las circunstancias, y de los salmos que nos legó David. En ellos nos alienta a sonreír cada día y enfrentar las peores situaciones con alegría. Lo supo David, lo sabe Connie, la alegría se genera por la confianza en que Dios no falla, y en su amor que sacia.
REFLEXIÓN – La alegría verdadera proviene de Dios.

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