7 de noviembre – Lágrimas

“Mis huidas Tú has contado, pon mis lágrimas en tu redoma. ¿No están ellas en tu libro?” Salmos 56:8 (RVR)
Cuando el salmista escribió esto, se encontraba huyendo de Saúl, el rey a quien respetaba y servía con devoción. Habían quedado lejos los días de tranquilidad en el palacio, la buena comida, la cama calentita y las comodidades.
Ahora huía, bajo la lluvia o el frío, sufriendo calor y sed, durmiendo en el piso, sin seguridad, sin techo, amenazado por constantes peligros, rodeado de hombres violentos, sin nadie en quien confiar. Aquel pastor de ovejas debía extrañar el bienestar de antaño, cuando todo estaba bien. Y dentro de su soledad y tristeza, Dios era su refugio. David sabía que Dios no estaba ausente, que conocía perfectamente cada uno de sus movimientos, y sus lágrimas.
Uno por lo general intenta ocultar su sufrimiento. En esta sociedad apurada que vivimos, no hay tiempo para escuchar los problemas de otro y nos acostumbramos a eso. Y a veces, la única que escucha nuestro lamento y se humedece por las lágrimas es la almohada Pero no estamos solos. Dios está cerca, a pesar de nuestras dudas.
Aún cuando pensamos que Dios no nos escucha, que no le interesa nuestro sufrimiento, que está ajeno al dolor que estamos sintiendo, Él lleva la cuenta precisa de nuestras lágrimas. Ninguna de ellas cae en el olvido. Dios nunca está demasiado ocupado como para no ocuparse de nuestros problemas. Él sabe de nuestra angustia y desea remediarla. Pero, también sabe que Sus tiempos son perfectos.
Cuesta mucho entender este concepto de los tiempos de Dios, cuando uno está triste, dolido, sin trabajo, solo, enfermo o lastimado. Pero debemos aprender que Dios es mayor que cualquier problema, es más grande que cualquier dolor, es el consuelo para tu angustia.
Puede ser que hoy estés triste mirando un pasado que quizá haya sido mejor que el presente, o bien estés deseando lo que viviste antes, que era mejor que lo que estás pasando ahora. Quizá estas resentido por tu difícil presente, pero no dejes que tu bronca te saque de órbita. Dios quiere darte Su consuelo, un consuelo que va más allá de toda comprensión, incluso para vos, porque sos muy valioso para Él.
Dios es fiel, y te ama. Él conoce tu sufrimiento y desea darte alegría y paz.
REFLEXIÓN — Dios es mucho más que un pañuelo, Él es paz.
 

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