9 de Abril – Mirada

«Entonces, vuelto el Señor, miró a Pedro y Pedro se acordó.» Lucas 22:61
Mirada
Los acontecimientos de la Pascua ya estaban encaminados. Ya habían participado Jesús y sus discípulos de la última cena, Judas ya había pactado con los principales sacerdotes la entrega. El lugar definido había sido el huerto de Getsemaní, donde Jesucristo solía ir seguido. Esa noche, los discípulos huyeron para salvar sus vidas, dejando solo al Maestro, corriendo cada cual por su lado.
Una vez que los soldados y curiosos se fueron a la casa del sumo sacerdote con su prisionero, Pedro y Juan se acercaron. Juan conocía a la portera de la casa y habló para que dejaran entrar a Pedro. Estaba solo este pescador de Galilea en el patio del religioso más importante del país. No podía hacer nada allí, solo estaba para ver que pasaba. Lo motivaba su profundo amor por su Maestro. Era tonto, pero valiente y sincero.
Hasta que pasó lo que todos conocen. Alguien lo reconoció y lo acuso: Estabas con Jesús. Entonces Pedro negó conocer a Cristo. Cualquier otro en su situación, hubiera aprovechado lo oscuro de la noche para escapar. Pero Pedro, por alguna razón que desconocemos, se quedó en el patio. Era todavía más tonto, pero valiente y sincero.
Llegó la segunda acusación, y Pedro volvió a negar. Ya había sido descubierto. Lo más recomendable era salir de ese lugar, pero Pedro no se movió. A pesar de haber negado de nuevo a Cristo, siguió cerca de su Maestro. Cuando la tercera negación de Pedro se escuchó en el patio, el gallo cantó.
Entones Jesucristo se dio vuelta y lo miró a los ojos. En medio de la multitud que apretaba, el tiempo se congeló para ellos dos. Y Pedro se acordó. Jesús le había avisado y Pedro no pudo evitar caer. Mirar a Jesús le hizo recuperar la memoria. Por eso se fue llorando. Lo que hasta unos segundos antes, le parecía lo mejor, ahora, frente a la realidad de Jesucristo.
La mirada de Cristo tiene ese efecto. Pone las cosas en su dimensión justa. Nos muestra la realidad como la ve Dios. Y muchas veces, eso es muy distinto a lo que vemos nosotros. Mirate en Jesús para que puedas ver correctamente lo que estás haciendo. No dejés que tu rutina te engañe. Hacé lo correcto.
REFLEXIÓN – La mirada de Jesucristo ilumina.

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