9 de Julio – Independencia


Los hijos de Efraín, arqueros muy diestros, volvieron las espaldas en el día de la batalla. Pero Dios, misericordioso, perdonaba la maldad y no los destruía, apartó muchas veces su ira y no despertó todo su enojo.” Salmos 78:9 y 38 (NVI)
Independencia
Hoy se recuerda nuestra independencia de España, y los hechos heroicos de nuestros próceres. Ellos no pelearon con arco y lanza, sino con cañones y fusiles. Al leer este texto, me acordé de nuestra independencia y por asociación, también la de Escocia. En la guerra por la independencia entre Escocia e Inglaterra, en una de las últimas batallas cuando luchaban con mayor intensidad, la caballería escocesa fue comprada con dinero inglés. En vez de intervenir en la lucha, se dieron la vuelta y dejaron sola a la infantería. Hubo muchos escoceses que murieron, y perdieron..
Mientras veía la película quise imaginar qué pasaría por la cabeza de los escoceses que estaban peleando, cuando vieron que su caballería los abandonaba. Debe haber sido algo terrible. Algo similar hicieron los hijos de Efraín. Eran hombres escogidos para la guerra, eran la elite del ejército (eran arqueros) pero al momento de intervenir, dan media vuelta y se van.
Si uno sigue leyendo el salmo se da cuenta que este fue solo uno de los males que cometieron. Además se olvidaron de Dios, de Sus Bendiciones y de Sus Proezas. Lo que más me maravilla es el verso 38 que dice “Dios perdonó”. No hay nada más maravilloso que estas dos palabras. Dios no cambia, Dios no se transforma ni se amolda a las circunstancias. Dios siempre perdona.
Hay veces que actúo como los hijos de Efraín. En medio de la batalla, doy media vuelta y me voy. A veces me da vergüenza hablar de Jesucristo, a veces murmuro o tengo envidia, a veces estoy muy cansado para orar y para leer la Biblia, pero puedo ir al cine de trasnoche. A veces cuando llueve no voy a la reunión, pero nunca falto al trabajo. Y me maravilla pensar que a pesar de ello, Dios me perdona. El amor de Dios no tiene límites, no lo condiciona la traición.
No importa qué hayas hecho hasta ahora, Dios siempre mira para adelante. Es como el padre del hijo pródigo. No le importó que se haya ido lejos y haya malgastado lo que tenía, ni que haya vivido perdidamente. Tampoco le importó el olor a cerdo que tenía sino que lo abrazó y lo besó, simplemente porque era su hijo. Nosotros somos hijos de Dios, sepamos valorarlo.
REFLEXIÓN – La mejor manera de avanzar es no dar la espalda.

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