9 de marzo – Respirar

“¿Por qué te abates, alma mía, y por qué te turbas dentro de mí? Espera en Dios, pues he de alabarle otra vez por la salvación de su presencia.” Salmo 42:5 (RVR)
Una de las formas en que la mafia americana solía ajusticiar a aquellos que querían traicionarla, era poniendo al supuesto traidor parado en un fuentón. Le tiraban cemento y esperaban que secara. Un día después, el hombre tenía sus pies dentro de una base de cemento de la que no podia huir. Luego tomaban el fuentón entre varios y lo tiraban en un río. El supuesto traidor podía aguantar sin respirar unos pocos minutos, pero tarde o temprano el cuerpo lo obligaba a respirar. En lugar de aire, entraba agua en sus pulmones y moría ahogado. No podía respirar y moría.
Me sorprendí al aprender que el significado de esperanza se asimila con el de respirar. El que espera respira, se mantiene vivo. Dice el viejo dicho: La esperanza es lo último que se pierde. Sólo la muerte mata la esperanza, o tal vez sea al revés, y aquel que no tiene esperanza se muere.
Es lo que estaba escribiendo David en este salmo. Su angustia era muy grande. Estaba abatido, completamente derrotado; había bajado los brazos porque su problema lo superaba completamente y no encontraba solución ni salida. Estaba turbado, completamente desenfocado por su crisis. Su única realidad era su problema y eso lo hacía sentirse peor. Le angustiaba el alma, le agotaba las fuerzas, lo apabullaba la tristeza.
Y en medio de esta realidad tan desoladora y real, él puede decir: yo sigo respirando en Dios. Aunque no haya salida y los problemas agobien, yo sigo esperando en Dios. Contra todo pronóstico y contra toda lógica, a pesar de las circunstancias contrarias, yo sigo teniendo esperanza en Dios.
El diablo quiere ponerte los pies en el fuentón de tu realidad y llenarlo con el cemento de los problemas y de las angustias para tirarte al río de la vida y dejarte ahogar sin esperanzas. No le des el gusto al diablo. David te desafía hoy a que sigas respirando; no dejes de esperar en Dios. La esperanza te mantiene vivo, te deja seguir soñando, te sostiene el ánimo, te ayuda a continuar.
Dios es la fuente de la esperanza, el aire de tu vida, la confianza de tu futuro. No pongas los pies en el fuentón de tus dudas.
REFLEXIÓN – Respirá a Dios y mantente vivo.

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