9 de Noviembre – Diferente


Me asombra que tan pronto estén dejando ustedes a quien los llamó por la gracia de Cristo, para pasarse a otro evangelio.” Gálatas 1:6 (NVI)
Diferente
La iglesia de Galacia al igual que el resto de sus vecinas de Asia Menor, había recibido el Evangelio con alegría y sorpresa. Era impensada la Gracia, costaba entender el milagro del reemplazo de Jesucristo en la cruz para perdón de pecados.  El pueblo judío luego de años de tradición y Ley, encontraba alivio en la Gracia divina de la Cruz. Lo que comenzó con un anuncio para el selecto pueblo judío, pronto se extendió a los gentiles, personas que no eran judías ni conocían la Ley de Moisés. Paganos de múltiples y falsos dioses que encontraron en la Gracia el perdón de sus pecados y a Dios como Padre. ¡Increíble pero real! Y comenzaron a disfrutar los mismos privilegios y bendiciones que los judíos.
Entonces se generó un quiebre en la iglesia, y algunos comenzaron a poner reglas judías como la circuncisión, respetar otras reglas y cumplir con el formalismo. A tal punto que en Galacia, el tema pasó de claro a oscuro y Pablo escribe indignado esta frase. Estaba asombrado que tan pronto hayan dejado el glorioso Evangelio de la Gracia para querer imponer formalismos y reglamentaciones humanas. Hoy, mirado a la distancia hasta nos causa gracia de la tontería que estos cristianos proponían.
Pero sin quererlo (o queriendo) solemos imitarlos. Tal vez no generamos normas tan pesadas como los judíos de aquella época, pero banalizamos en Evangelio imponiendo nuestra comodidad y conveniencia a la Gracia de Dios.
Vivimos en tiempos de comodidad e indiferencia, donde lo que Dios pide queda condicionado a las ganas que tenga, al momento anímico que estoy viviendo, o a lo que hagan mis amigos. Asisto a la iglesia si todos me sonríen y me saludan. Voy al culto si no juega River o Argentina. Ofrendo si encuentro un vuelto. Leo y oro solamente si Dios me bendice y me da lo que quiero y cuando lo quiero.
Condicionamos la Gracia a mi deseo y comodidad y repetimos el garrafal error de aquellos gálatas de antaño. Pensamos que podemos mover la mano de Dios con nuestros caprichos y excusas sin darnos cuenta que es imposible mover un ápice la decisión de Dios. Si Pablo se levantara de la tumba hoy, nos diría exactamente lo mismo. ¿Quién te engañó para pensar que podés vivir un Evangelio diferente, acomodado a tu comodidad? Dios te demanda fidelidad.
REFLEXIÓN – Marcá la diferencia.

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