9 de noviembre – Muro

“Porque Cristo es nuestra paz: de los dos pueblos ha hecho uno solo, derribando mediante su sacrificio el muro de enemistad que nos separaba.” Efesios 2:14 (NVI)
El 9 de noviembre de 1989 sucedió un hecho histórico que si bien se venía anunciando, conmocionó al mundo. Se destruyó el muro de Berlín. Luego de la victoria aliada en la segunda guerra mundial, Berlín, la capital de Alemania se repartió entre quienes habían tomado la ciudad. Rusos y americanos se disputaban el trofeo y negociaron el dominio de la ciudad.
Cada uno le puso a su porción lo mejor de cada régimen. Pero en 1961, cuando la guerra fría estaba en su apogeo, se hizo el sorprendente anuncio: Un muro va a dividir la ciudad de Berlín. Y la ciudad quedó separada. Vecinos que hasta veinticuatro horas antes se saludaban a diario, solo podían ver ahora un muro de cuatro metros de alto que dividía la ciudad. El subte, que pasaba por ambos lados del muro, siguió funcionando. Pero desde entonces, las estaciones de Berlín oriental fueron canceladas, los trenes no se detenían y los accesos fueron cerrados.
Más de 160 muertos confirmados, se conocieron por querer cruzar el muro sin permiso, familias divididas, discriminación, aislamiento, enojos, resentimiento, peleas, división. Consecuencias de un muro, que fue derribado después de muchos años. Pero algunas de las consecuencias se sufren hasta hoy.
Hay otros muros que separan, aunque no sean de concreto. Los muros de las diferencias raciales, o de los pensamientos, de las opiniones distintas y del orgullo. En los días de Pablo, el tema de discriminación pasaba por el judaísmo vs. gentilismo. La iglesia se dividía entre los que pretendían mantener las costumbres de la Ley de Moisés y aquellos que querían derogarlas. Y frente a la intransigencia de ambos grupos, Pablo levantó esta verdad eterna: Jesucristo derribó todos los muros divisorios. El poder de Su resurrección gloriosa destruyó las divisiones, la discriminación y la separación.
Su gracia maravillosa integra, nuclea, unifica y mancomuna. Y en su Plan eterno, diseñó a la Iglesia para que sea la manifestación visible de esta muestra de amor y unidad.
Pero no aprendimos la lección, y hoy seguimos levantando muros que dividen. ¿Cómo se llama el muro que vos estás levantando en tu iglesia? ¿Qué situación de discriminación y división estás generando por tu comentario o actitud? Jesucristo derribó todos los muros de separación. No cometas el error de reconstruir lo que Él ya abolió.
REFLEXIÓN – No construyas otro muro.

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