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jose reina mayo 20, 2024

Paso a paso por la Biblia

Antiguo y Nuevo Testamento

La Biblia se divide en dos grandes partes llamadas Antiguo y Nuevo Testamento. La palabra testamento significa pacto o alianza. Esto nos revela a Dios escogiendo un pueblo, Israel, para preparar la venida de nuestro Salvador.

El Antiguo y Nuevo Testamento subsisten o caen juntos. No se puede aceptar el nuevo y rechazar el antiguo. En sus innumerables tipos o figuras, en sus ‘sombras de cosas mejores’, en sus promesas, el Antiguo Testamento nos hace – por así decirlo – presentir el Nuevo. Sin él no habría conclusión ni cumplimiento. A su vez el Nuevo, separado del Antiguo, no tendría base ni sostén.

Tanto Jesucristo como los apóstoles citan constantemente al Antiguo Testamento como la palabra de Dios. En muchos de sus escritos leemos frases como «y estas cosas acontecieron para que se cumplan las Escrituras» o bien «como está escrito» o aún «como dice la Escritura.»

Las dos partes están tan íntimamente ligadas como la mano derecha lo está de la izquierda; forman un conjunto viviente donde el mismo Jesucristo es el centro vital.

Jesucristo es el tema de los escritores del Antiguo Testamento y Nuevo Testamento. Los anima el mismo Espíritu a través de los siglos en que se confeccionó. El Espíritu Santo es él que habla en sus páginas, aun cuando expone y hasta juzga abiertamente los pecados de los pueblos, de las familias o de los individuos.

La Biblia nos habla del hombre, de todos los hombres (en sentido genérico). Nos dice cómo es, descubre nuestro corazón, tanto el corazón de los mejores como el de los peores; de los que aman y de los que odian, de los que codician y de los que sufren. Desde un principio nos habla de ese mal llamado pecado que nos corrompe como un cáncer. No encontramos en sus páginas a un hombre imaginario, tampoco al hombre ideal que nos presentan los humanistas y los moralistas.

La Biblia nos presenta al hombre de todos los días, aquel que queremos evitar, pero que se esconde dentro de nosotros. Poniendo el dedo en la llaga proclama abiertamente aquello que nosotros tratamos de silenciar. El hombre descrito en la Biblia no es un hombre sin faltas: es real y pecador.

 

La diversidad de la Biblia

Otra cosa que sorprende al lector de la Biblia es su diversidad. El mismo libro contiene a la vez himnos y oraciones (Los Salmos), historias (las parábolas de Jesús), teología histórica (el reinado de David, el proceso de Jesús), un canto de amor (el Cantar de los Cantares), consejos y reflexiones morales (los Proverbios), también reflexiones filosóficas (Eclesiastés), leyes jurídicas (en el Éxodo o Deuteronomio) o leyes religiosas (Levítico), profecías (Isaías, Jeremías) etc.

¡Qué gran diversidad de situaciones tienen lugar entre sus personajes! David destruyó a los filisteos, Jeremías asistió a la agonía de Jerusalén, Pablo vivió en los tiempos del Imperio Romano. ¡Cuántos viajes podemos realizar a través de toda la Biblia! Ezequiel nos lleva a Babilonia donde se encuentran los israelitas desterrados. Job conocía perfectamente Egipto, Abraham venía del norte de Mesopotamia.

Más sorprendente es mirar la cantidad de civilizaciones que desfilan ante nosotros: la lejana Persia, Roma con sus leyes y legiones, las desventuras de José nos conducen a las mismas pirámides, Pablo habla ante la acrópolis de Atenas, cuna de la filosofía griega.

Todo esto nos va dando hasta un vistazo general ‘a vuelo de pájaro’, acerca de la Biblia. Como si, por ejemplo, a bordo de una avioneta sobrevoláramos nuestra ciudad. Adquiriríamos de esa manera un panorama general y de ubicación. Pero no podríamos detenernos en particularidades. Yo no podría decir a mis acompañantes: «¡miren el color de las persianas de la casa de Jorge!» Eso sería imposible. Lo que sí podría hacer, tal vez, con un buen sentido de orientación, es señalar hacia abajo y decir: «¡en aquella zona está la casa de Jorge!»

¿Qué queremos decir? Todo estudiante de la Biblia debe tener un conocimiento general del libro antes de pretender estudiar los temas en particular. El panorama general me ayuda a ubicar correctamente cada verdad en su contexto adecuado.

La falta de este conocimiento hoy en día es lamentable. Algunos pretenden estudiar la doctrina Bíblica y no saben siquiera cuántos libros tiene la Biblia.

Si tienes un panorama general, histórico, geográfico y cultural te será muy sencillo estudiar los grandes temas doctrinales de la Biblia.

Muchas veces vemos con dolor, que muchos hermanos sinceros en sus propósitos, pero sin preparación alguna, le hacen decir a la Biblia cualquier barbaridad; y sin querer, las iglesias van adoptando doctrinas ‘made in casa’ pero no tomadas de la correcta interpretación de la Biblia.

Pueden ustedes llamarlos como quieran: predicadores ‘truchos’, que no son genuinos, o muchas veces, oportunistas que buscan hacerse ver hablando de lo que no saben, y otros aprovechándose de la buena fe de la gente.

¿Pero por qué sucede esto? A veces porque en las iglesias que recién nacen hay falta de obreros preparados; por otra parte, en los últimos años la iglesia evangélica ha crecido en forma tan acelerada que es imposible, a veces, para los pastores, poder gobernar tanta gente que llega a las iglesias con hábitos y costumbres malsanas.

Gracias a Dios que nosotros tenemos la oportunidad de prepararnos estudiando las Escrituras. No es por casualidad el que deseas estudiar más. Vas a ser usado por el Señor para guardar la pureza de la fe cristiana en el lugar donde Jesucristo te ha puesto.

Cuando hacemos estas apreciaciones no estamos juzgando, sino que, como la hacía el apóstol Pablo, lo hacemos con el ánimo de mejorar, de marchar hacia la excelencia, de colaborar para que el cuerpo de Cristo sea cada vez más consagrado a la verdad y a la obediencia; y por supuesto, si queremos esto, es ineludible que cada uno de nosotros le diga al Espíritu Santo: «Comienza por mí, Señor.»

 

¿Qué es la Biblia?

Vamos a la pregunta básica ¿Qué es la Biblia? y esto es sumamente importante para cada cristiano. ¿Pueden las investigaciones más recientes darnos una definición más perfecta de la Biblia? Sin duda que no podemos hacer nosotros una definición filosófica, ya que la misma filosofía, además de explicarse a sí misma, por sus causas, una a una, se plantea formalmente el problema de su propia definición y la verdad es que no consigue nada satisfactorio.

Un eminente hombre de ciencia, Tomás Huxley que no era cristiano dijo: «Considerad el hecho grandioso de que durante tres siglos este libro se ha entretejido con lo más noble y mejor de nuestra historia, y ha venido a ser la épica nacional de nuestra raza…abunda en pasajes de exquisita hermosura, aún en su forma literaria, y finalmente impide con eficacia que el gañán indocto que jamás ha salido del recinto de su aldea nativa, quede en la ignorancia de la existencia de otros países y otras civilizaciones y de un pasado grandioso que se extiende hasta los límites más lejanos de los países más antiguos del mundo…La Biblia ha sido la Carta Magna de las libertades de los pobres y de los oprimidos. Hasta los tiempos modernos ningún Estado ha tenido una constitución civil en que los intereses del pueblo ocupen un lugar tan preeminente…En ninguna parte se asienta con tanto énfasis el hecho de que el bienestar del Estado depende, al fin y al cabo, de la vida justa del ciudadano. La Biblia es el Libro más democrático del mundo.»

La Biblia saltó del plano nacional de Israel al plano mundial y hoy podemos decir que es el libro del mundo porque se convierte en derecho y propiedad de todos los pueblos y de cada uno en particular.

La Biblia se dirige al individuo, habla a la familia, diciendo al padre y la madre y a los hijos lo que debe ser el hogar e igualmente a la sociedad, tratando de los deberes de las clases sociales, elevando las relaciones humanas, sembrando el amor y el respeto y condenando el odio y la injusticia.

Las Sagradas Escrituras fueron anteriores a cualquier concepto protestante o católico y naturalmente a cualquier línea de teología.

Conviene, por tanto, remarcar algo de lo mucho que es y significa este libro de Dios, del que W.H. Griffith Thomas dice: «La Biblia no se menciona en el Catecismo como un medio de gracia, porque todo el Catecismo se basa en la Palabra de Dios.»

Esta frase: «Palabra de Dios» se aplica en el Antiguo Testamento tanto a las revelaciones individuales como a las palabras de los profetas, cada mensaje de los cuales era recibido como «palabra de Dios» o «del Señor» y también a la totalidad de la revelación verbal de Dios a Israel.

Así en el Salmo 119 «la ley de Jehová» «tu Palabra» «tus mandamientos» «tus estatutos» «tus testimonios” etc. es sinónimo de la «ley» («torah» o instrucción).

Además, el famoso mártir de la traducción de la Biblia, John Wycliffe, habla de las Escrituras como ‘infalible’. La cualidad de infalible significa que nunca decepciona, ni equivoca, ni engaña, por lo que la Biblia es de total confianza y fidelidad.

 

Definiciones de la Biblia:

1- La Biblia es el conjunto de libros escritos por los autores sagrados, inspirados por Dios para revelar Su voluntad al hombre y dados a la iglesia por el Espíritu Santo como Palabra de Dios.

2- La Biblia es el libro que registra el hecho de Jesucristo.

3- La Biblia es el libro que registra la revelación de Dios al hombre.

 

La veracidad de la Biblia

A continuación, ampliaremos un poco el tema de la infalibilidad de las Escrituras. Si la Biblia es digna de total confianza y fidelidad, lo que estamos queriendo expresar es la convicción, de que toda su enseñanza es la enseñanza de Dios, que no puede mentir. Como lo refiere San Pablo en su epístola a Tito: “La esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.»

Lo que dice la Escritura hay que recibirlo como palabra infalible de Dios y cuando confesamos esto, declaramos nuestra fe en el origen divino del Libro que amamos y en la veracidad y fidelidad de Dios mismo; lo cual no significa que aceptemos la infalibilidad de cualquier interpretación o intérprete del texto bíblico.

Si hay algo que siempre debemos tener en cuenta como cristianos es que la Biblia interpreta a la Biblia. ¡Sí! Las mismas preguntas que nos hacemos al ir recorriendo sus páginas, si analizamos con cuidado y detenidamente, hallaremos sobrecogidos de sorpresa, que gradualmente nos vamos encontrando con las respuestas, una a una, como regalos preparados por el Espíritu Santo para nosotros. Sólo el cristiano perezoso no encuentra la respuesta a sus inquietudes en la Biblia.

El cristiano diligente, siempre estará explorando nuevos campos, adentrándose en los misterios sagrados reservados sólo para los que buscan «con hambre y sed de justicia.»

Cuando Jesús dijo: “Escudriñad las Escrituras» todos los judíos entendieron lo que quería decir. Había otros escritos en griego, hebreo y latín, pero solamente las Escrituras, la Palabra de Dios era la biblioteca santa y con autoridad celestial.

Allí, ellos podían seguir su historia desde los tiempos de Moisés hasta el Cristo. Por ejemplo, en Éxodo 17:14 los judíos podían leer: «y Jehová dijo a Moisés: escribe esto para memoria en un libro.» Más adelante en el libro de Deuteronomio 31:9 podrían encontrar estas palabras «y escribió Moisés esta ley y la dio a los sacerdotes hijos de Leví que llevaban el arca del Pacto de Jehová y a todos los ancianos de Israel.»

Luego cuando aquel libro fue colocado en el arca (v.26) sirvió de guía al pueblo de Israel y Dios mismo habló con Josué encargándole que se esforzara y fuera valiente, y que se cuidara de hacer conforme a toda la ley que Moisés dejó, sin apartarse a derecha ni a izquierda añadiendo esto: «Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito» Josué 1:8.

Es muy probable que el libro que leyera Josué fuese el mismo que Moisés escribiera, pero quién sabe si también se hicieron copias de él. El mismo libro, o una copia de él fue hallado unos mil años después durante el reinado de Josías y «dijo el sumo sacerdote Hilcías al escriba Safán: He hallado el libro de la ley en la casa de Jehová. E Hilcías dio el libro a Safán y lo leyó.” (II Reyes 22:8).

Si avanzamos hasta Esdras lo encontramos de nuevo en manos del profeta en el púlpito de madera, al aire libre, leyéndolo y explicándolo al pueblo en el lenguaje de entonces.

De Josué a Josías pasaron unos mil años, de Hilcías a Esdras unos 175 años. Si hoy en día nosotros tenemos en nuestras propias bibliotecas libros de varios siglos de existencia, con mayor razón, en aquellos tiempos podrían conservarse manuscritos de padres a hijos con celo y devoción.

Ante todo, lo anteriormente expuesto bien creo que podemos intentar responder a la pregunta básica: ¿Qué es la Biblia? Para ello vamos a resumir la respuesta en tres pasos:

1- Y diremos en primer lugar, que la Biblia es literatura escrita por mandato de Dios.

Esto es sumamente importante, especialmente para responder a aquellos que alegan diciendo que la Biblia es sólo una recopilación de “sabiduría y experiencias de la humanidad” a través de los siglos.

De ninguna manera es esto así. La Biblia no es tampoco el resultado de la inspiración de algún “iluminado”, al estilo de José Smith que se levanta un día cualquiera pretendiendo haber visto ángeles y visiones y toda una revelación de un día para el otro y arrogándose la autoridad de poner sus escritos al nivel de la autoridad de la Biblia.

Muy por el contrario, nuestro Padre Celestial es respetuoso de las criaturas que con tanto amor ha creado. A través de toda la historia humana vamos a ver algo notable. Y aquí hay un concepto que ustedes deberán anotar con cuidado porque es un punto clave en la comprensión del trato de Dios con el hombre.

¿A qué me refiero? A que siempre desde el principio, la revelación de Dios al hombre es una revelación progresiva. Y aunque más adelante hablaremos del proceso de la revelación, no quiero dejarles con el bocado sin masticar, aunque sea brevemente por el momento.

¿Qué quiere decir revelación progresiva? Que Dios se va revelando paso a paso, gradualmente. Podemos decir, por ejemplo, que Abraham sabía menos de Dios y del Espíritu Santo que el Rey David, y que David no tenía toda la revelación a la que llegó Isaías, que hasta pudo ‘ver’ en un sentido, la obra redentora de Cristo, según nos relata en el capítulo 53 de su libro.

Y todo esto hasta llegar a la culminación de la revelación en la persona misma de Cristo.

Moisés recibió la orden de escribir de igual modo que la que recibiera – en la isla de Patmos- el apóstol San Juan, con aquellas palabras del ángel: «Escribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias que están en Asia.”

2- En segundo lugar, la Biblia es literatura escrita por mandato de Dios bajo la dirección de Dios. Mira lo que dice San Pedro en su segunda epístola en 1:21: «Nunca la profecía fue traída por voluntad humana sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo».

Así que es el Espíritu Santo él que mueve al escritor a expresar su mensaje y comunicarlo.

3- Y, por último, la Biblia es literatura escrita por mandato de Dios, bajo la dirección de Dios y preservada por Dios mismo.

Él mandó que se conservara en el arca, de donde pasó al templo y luego a las sinagogas, para difundirse, finalmente en el seno de toda la iglesia cristiana.

¿Qué es la Biblia? La Biblia es literatura escrita por mandato de Dios, bajo la dirección de Dios y preservada por Dios mismo.

¿Cuántas Biblias hay?

Ante todo esto no podemos ignorar una pregunta muy importante que generalmente se hace la mayoría de la gente. ¿Cuántas Biblias hay? Y si hay más de una, ¿Cuál es la verdadera?

Lo llamativo de la Sagradas Escrituras reside principalmente en el hecho de que es el único libro del mundo que nos dice y nos asegura dos grandes realidades de la mayor importancia para nuestras vidas:

1- Dios se revela con amor. (Juan 3:16).

2- Y Dios provee, por medio de Cristo, para nuestra completa liberación del pecado.

 

Ahora también, que nos quede claro: No hay más que una sola Biblia. Existe un solo libro de Dios que el profeta llamaba en su tiempo “el libro de Jehová», el que se completó con los libros del Nuevo Testamento una vez cumplida la obra redentora de Cristo.

¿Es que acaso querría Dios confundir al hombre cuando quiere que su mensaje sea diáfano y único? ¿Les parece que podría Dios haber entregado a la humanidad dos libros para que no sepamos con cuál quedarnos?

Sin embargo, seguramente que todos nosotros hemos oído y leído lo de «biblias falsas», «Biblias Católicas, «Biblias Protestantes» o lo que es peor «otros libros» posteriores a la Biblia tal cual la conocemos y como la aceptaron los Padres de la Iglesia.

Como si la Biblia hubiese estado incompleta, surgieron algunos visionarios al final del siglo IXX y comienzos del XX que quisieron ayudar a ‘completarla’. Un ejemplo de ello es el libro del mormón y los escritos de Russell, fundador de los testigos de Jehová. Y en este último siglo podríamos hacer una larga lista de todas las sectas falsas que pretenden que sus escritos están a la misma altura de la Biblia en cuanto a autoridad divina.

Todo esto ya estaba predicho en las Escrituras como lo declara II Pedro 2:1-22.

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negaran al Señor que los rescató, atrayendo sobre si mismos destrucción repentina. (v.1).

Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado…” (v.2).

Y podríamos seguir hasta el versículo 22 pues todo el capítulo es una descripción del peligro que estos ‘iluminados’ representan para la iglesia.

Aun hoy, en el seno de nuestras iglesias, muchas veces vemos con dolor, iglesias divididas y también heridas por supuestos ‘profetas del Señor’ que sin ajustarse a la autoridad de la Biblia, pretenden pasar por sobre el pastor o las autoridades de la iglesia diciendo que Dios los ha mandado.

La primera señal de un profeta es su adecuación a las Escrituras y, como consecuencia, obediencia a sus pastores -siendo su ministerio uno de edificación para el cuerpo de Cristo, nunca de confusión o división. Por ello no nos cansamos de repetir la importancia del estudio serio de la Biblia. Cristianos preparados en las Escrituras y sumisos son una garantía para la Iglesia y una ayuda para el Pastor.

Hoy más que nunca debemos tomar conciencia del peligro que corre la Iglesia y de todas las doctrinas falsas y aún ideologías que quieren infiltrarse dentro del cuerpo, vestidas de ‘cristianas’.

¿Quiénes serán los guardianes de la verdad del evangelio? Sólo los cristianos preparados. Aquellos que están dispuestos a pagar el precio en el trabajo y en el esfuerzo para ser «obreros aprobados que no tienen de qué avergonzarse», como dice San Pablo. ¿Serás tú esta clase de obrero, que sabe lo que cree y por qué lo cree?

Volviendo al tema de los distintos tipos de Biblias, es necesario que nosotros sepamos lo que de verdad hay en ella.

Lo primero que debemos saber es que si afirmamos que la Biblia es católica, con ello damos razón a los católicos, y si afirmamos que es evangélica con ello damos razón a los evangélicos.

Pero tengo una gran novedad para ti: afortunadamente para impedir el orgullo o rivalidad humana, la Biblia se presenta como divina, con todas sus pruebas, y cualquier persona que se ponga al lado de la Biblia tiene siempre la verdad – independiente del credo al que pertenece – porque su verdad es inconmovible. Bien dijo Jesús: »Tu Palabra, oh Padre, es verdad».

Al respecto, comenta Fray Luis de León: «Notoria cosa es que las Escrituras que llamamos sagradas las inspiró Dios a los profetas que las escribieron para que nos fuesen, en los trabajos de esta vida, consuelo, y en las tinieblas y errores de ella, clara y fiel luz y para que en las llagas que hacen en nuestra alma la pasión y el pecado, allí como en una oficina general, tuviese para cada una propio y saludable remedio.»

¡Cuánto le debemos a Dios por su Palabra! Cuántas veces nos ha levantado del pozo, ¿verdad? Cómo corremos a ella tantas veces para encontrar el auxilio que necesitamos.

Ella sana nuestras heridas con el suave aceite del amor. Cuántos de nosotros estaríamos hoy perdidos si no fuera por sus dulces consejos. Yo te invito que hoy des gracias al Padre por el don, regalo inmerecido y privilegio a la vez de tener este precioso libro.

 

 

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