La inspiración de la Biblia
¿Es la Biblia inspirada por Dios?
Este es un aspecto sumamente importante a tratar para el cristiano. Especialmente
cuando decimos que la Biblia es un libro ‘divinamente inspirado’ para diferenciarlo de
cualquier otra literatura.
Y también porque debemos tener una respuesta satisfactoria para aquellos que nos
preguntan el porqué de tal afirmación que con tanto convencimiento sostenemos, ya que
está profundamente relacionado con los principios de vida cristiana cuya fuente es la
Biblia.
Las Sagradas Escrituras son un conjunto de libros escritos bajo la inspiración del
Espíritu Santo y tienen, por tanto, a Dios por autor; sin embargo, Dios ha utilizado a
hombres para que Su Palabra nos llegue escrita en varios idiomas hasta nuestros días.
El grado de esta inspiración y la fórmula correcta de la misma ha sido, no hay que
negarlo, tema de prolongada y acre discusión.
Es notable que mientras el espíritu de inspiración se percibe en las páginas de la Biblia y
también iluminan cada palabra de la misma, el método divino de inspiración, es decir, la
manera en que Dios comunicó sus pensamientos y palabras a los escritores de la Biblia,
no se nos dice de un modo claro y tajante; ésta es la razón por la que hay tal
discrepancia entre los estudiantes de la Biblia, incluso dentro del seno católico y del
seno protestante, con respecto a la manera exacta en que las palabras de la Biblia nos
fueron transmitidas a la posteridad.
Job dice: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del omnipotente le hace
que entienda” (Job 32:8). Y David afirma en II Samuel 23:2: “El espíritu de Jehová ha
hablado por mí, y su Palabra ha estado en mi lengua”; en tanto que Isaías afirma:
“Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová” (Isaías 1:2).
Y Jeremías expresa decididamente: “Vino, pues, palabra de Jehová a mi diciendo”, sin
que se nos informe cómo llegó esa palabra de Jehová a él, aunque un poco más adelante
afirma: “Y extendió Jehová su mano y tocó mi boca y me dijo Jehová: He aquí he
puesto mis palabras en tu boca” (1:2,9).
Así vemos que aunque los profetas y apóstoles afirman clara y decididamente que sus
palabras fueron escritas por inspiración de Dios ninguno nos dice el cómo sucedió en la
práctica.
Comencemos viendo algunas acepciones de la palabra: Inspirar, sinónimo de aspirar,
tiene en esta primera aplicación el sentido de «atraer el aire exterior a los pulmones» es
decir, poner dentro algo que estaba fuera.
Su segunda acepción, «infundir en el ánimo, sugerir afectos, ideas, designios” implica
igualmente el «aplicar» algo a la otra persona, y en el sentido que nos compete a
nosotros, en el teológico, significa «iluminar Dios el entendimiento de uno y mover su
voluntad”.
Por ello al hablar de inspiración de la Biblia, el versículo tal vez más adecuado sea el de
II Timoteo 3: 16: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para
redargüir, para corregir, para instruir en justicia». En este maravilloso verso es donde
aparece por una sola vez en el Nuevo Testamento la palabra “theopneustos”, compuesta
de «Dios» y «espíritu», significando que lleva el “hálito” o “soplo” de Dios.
En consecuencia, los hombres que fueron escribiendo la Biblia no eran simplemente
escritores, sino hagiógrafos; esto es, escritores con una inspiración santa (agio significa
«santo”) y de ahí que San Pedro diga: «Los santos hombres de Dios, impulsados por el
Espíritu Santo, hablaron» (II Pedro 1:21).
Todo esto ha traído como consecuencia el debate siempre de moda que acostumbra
preguntarse: si el pensamiento que tenemos en la Biblia fue comunicado de modo
sobrenatural, dejando la expresión al autor humano o si tanto el pensamiento como la
expresión fueron dictados de una manera “mecánica” por el Espíritu Santo.
Y así llegamos a la siguiente situación:
1- Por una parte tenemos los que afirman que la Biblia es un libro humano, en el que el
hombre trata de buscar a Dios, justamente igual que en los Vedas del Hindú o en los
escritos de Confucio, en el Zend-Avesta de los persas o en el Korán de los
mahometanos, no siendo de ninguna manera infalible.
2- Otros afirman que la Biblia no es toda Palabra de Dios, sino que la contiene,
sirviéndonos de guía a la manera en que un abogado es libre de interpretar por el
espíritu de un texto y no por sus palabras.
3- Hay quienes aceptan como inspiradas todas y cada una de las palabras que aparecen
en la Biblia; esto es, admiten la “inspiración verbal” añadiendo que sin las palabras no
puede precisarse con exactitud el sentido del mensaje. Alegan que esto creyeron grandes
hombres que fueron visiblemente utilizados por Dios en el pasado, tales como
Spurgeon, Carroll, Moody, Torrey, etc. La Biblia en este caso no sólo contiene, sino que
es toda ella palabra de Dios y es infalible.
Por supuesto que todos estos planteamientos no preocupan al cristiano «nacido de
nuevo», si bien que el Espíritu da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de
Dios. Nos basta sólo leer la Biblia con corazón sincero para escuchar de manera clara y
viva la voz del Padre amoroso que habla a nuestro corazón de hijos. Sentimos que las
palabras de la Biblia ‘sintonizan’ perfectamente con la necesidad más profunda de
nuestro corazón.
Y todo esto porque somos “templo del Espíritu Santo.» Leemos la palabra y nos
sentimos sumamente dichosos ‘como pez en el agua’, en nuestro elemento natural, en
donde siempre debimos haber estado, “en la casa del Padre” que es nuestro mismo
corazón.
¿Es la Biblia palabra de Dios?
O tal vez mejor, expresemos la pregunta de la siguiente manera:
¿La Biblia es la Palabra de Dios o contiene la Palabra de Dios?
Esta pregunta es también problema de debate continuo entre teólogos y especialistas.
Aprovechándose de esto muchos “falsos maestros” han engañado a cristianos sinceros
que hoy militan en sectas, atentos a la voz de cualquier «profeta» que se ponga de moda.
Si decimos que la Biblia es la Palabra de Dios, significa que desde el principio al fin la
Biblia fue dictada por el Espíritu Santo mismo, que seleccionó a los hombres que
actuaron como sus amanuenses.
Claro que muchos de estos fenómenos no pudieron ser explicados porque hay mucho en
las Escrituras, y especialmente en el Antiguo Testamento, que era difícil de aceptar
como Palabra de Dios.
Entonces de allí surgieron las disputas de que no todo lo escrito podía ser Palabra Dios.
Pero vayamos a algo que nos ayudará.
Consideramos que el Dr. A. T. Pierson ha hecho una buena definición de la inspiración
en su buen libro «Conociendo las Escrituras». Allí se lee:
«El término inspiración verbal ha sido mal entendido. No significa, desde luego, que cada
palabra que encontremos en la Biblia es la palabra de Dios o representa Su pensamiento,
pues algunas palabras relatan los hechos de los equivocados y de los impíos, ni son
dichos suyos, porque en algunos casos el que habla es el diablo. Cualquier teoría que
conceda igual importancia o autoridad a toda la palabra que encierra la Biblia es
absurda…cada estudiante debe observar lo que en la Biblia tiene autoridad y lo que
solamente tiene exactitud.”
Las palabras de Satanás a Eva son exactas en el trasplante a la Sagrada Escritura, pero
son falsas y engañosas en intención y en sentimientos respecto del pensar de Dios.
La mayor parte del libro de Job, aunque relato inspirado de acontecimientos y dichos,
no es de la aprobación de Dios – incluso profetas y apóstoles, aparte de su carácter y
capacidad como tales, siendo meros hombres falibles, estaban sujetos a equivocaciones.
(I Reyes 19:4; Gálatas 2:11-14).
De estas consideraciones, salió la fórmula de que la Biblia no es la Palabra de Dios sino
que contiene la Palabra de Dios.
Por supuesto que ustedes se darán cuenta de lo peligroso que es esto.
Por otra parte es sencillo, si solamente usamos nuestro sentido común, ya que sería
ilógico pretender que la voz de Satanás hablándole a Eva sea Palabra de Dios ¿verdad?
Pero si es relato inspirado, lo que quiere decir que es exacto y esto no es lo mismo que
atribuir esas palabras al Espíritu Santo.
No debemos ser tan pretenciosos y arrogantes cuando nos acercamos a la lectura de la
Escritura. Nosotros no vamos hoy a la Biblia a preguntarle en qué lugar está hablando
Dios y en qué lugar es la voz del hombre la que oímos.
No podemos decir esto es inspirado y aquello no lo es, porque semejante actitud nos
llevará a grandes dificultades que no podemos explicar ni solucionar. La investigación
actual nos presenta una teoría que reconoce que la Biblia en su totalidad no es tan sólo
más grande que cualquiera de sus partes, sino que es sencillamente la suma total de
todas ellas tornadas como fragmentos desconectados.
La Biblia es una unidad orgánica que tenemos que juzgar como tal en su totalidad, y
entonces veremos que lo que nos presenta es un desarrollo progresivo de Dios mismo,
su propia y gradual comunicación al hombre finalizando con la llegada del mismo Dios
a la vida humana de un modo intenso y excepcional que conmueve todo el pensar y el
sentir de la humanidad.
¿Recuerdan cuando hablamos de la infalibilidad del relato bíblico? Muchos eruditos
dicen que la inerrancia o infalibilidad es un «corolario natural de la inspiración» porque
si la Biblia es la Palabra de Dios entonces participa del carácter de Dios que incluye la
infalibilidad y esto significa confesar dos cosas en las que tenemos fe:
1. en el origen divino de la Biblia.
2. en la veracidad de Dios.
Sin embargo debemos saber que a la infalibilidad o inerrancia sólo podemos aplicarla a
los autógrafos bíblicos, es decir, a los manuscritos originales porque en el copiar
incesante, que sucedió posteriormente, se encuentran faltas comprensibles que son
prueba de la flaqueza y debilidad humana, ya sea por no tomar los recaudos necesarios y
porque se notan en las transcripciones errores de vista, oído, de mano e incluso hasta de
juicio de los escribas.
Como es el caso por ejemplo de I Juan 5: 7 donde se admite generalmente que hay una
nota marginal incorporada por error del texto.
Otra ilustración se ve comparando II Samuel 10:18 con I Crónicas 19:18. Que nos
queden claro, estos errores que se deslizaron en el incesante copiar de los amanuenses
son insignificantes y no le resta absolutamente para nada el crédito de ser la Biblia
totalmente inspirada por el Espíritu Santo.
El significado y el modo de la inspiración
Bien, creo que con lo dicho hasta aquí tenemos bastante introducción ¿verdad? Por lo
tanto de aquí en adelante comenzaremos a ordenar en un resumen todo lo que hemos
visto de manera general, lo que sin duda les facilitará a ustedes el estudio.
El significado de la inspiración
Esto ya lo vimos al comienzo de la introducción en cuanto a las acepciones de la
palabra. Aquí solo repetiremos que la palabra griega que más se aproxima a la palabra
“inspiración” (theopneustos o «exhalado de Dios») aparece una sola vez en la Biblia. El
término significa más bien “exhalado” que “inspirado” y se refiere a los escritos de
autores especialmente controlados y guiados por el Espíritu Santo.
El modo de la inspiración
Aquí surge otro aspecto de la limitación humana, ya que una definición exacta del modo
es obviamente imposible, de la misma manera que no podríamos explicar en manera
alguna el modo del nacimiento milagroso de Jesús.
Sin embargo, es muy importante que no tengamos una idea errada sobre los puntos que
pasaremos a ver ahora:
1- La personalidad del escritor humano no fue anulada. Muchos de los libros dejan
entrever con claridad rasgos de la personalidad del autor; tanto su cultura como su
preparación, eran utilizadas por el Espíritu Santo para una mejor transmisión del
mensaje.
2- Dios eligió deliberadamente hombres de todas las esferas de la sociedad, y los
preparó mediante experiencias diversas, a fin de que el mensaje bíblico fuera lo más
cercano posible a las variadas circunstancias de la vida humana.
3- Deja ver claramente que la escritura nunca fue “mecánica” (ej. estilo dactilógrafo) y
que los autores fueron meros amanuenses, como algunos erradamente suponen. Al
contrario, Dios, que respeta nuestra personalidad, dio libertad a que los procesos de
pensamientos de los escritores humanos no fueran anulados. Por eso notamos que el
estilo literario de cada libro es inconfundible con el autor.
4- En cuanto a todo el material que el escritor utilizaría, por ejemplo genealogías,
estadísticas y documentos que obraban en su poder (ej. Lucas 1:1-4) los escritores
mismos afirman que el Espíritu Santo controló al escritor a fin de que no introduzca
defecto humano alguno (como historia falsa, descripciones imprecisas o doctrinas
erradas), de tal manera que viciara la revelación contenida en el escrito o echara a perder
su autoridad.
5- Dejamos hasta aquí el aspecto más importante para concluir diciendo que: La
inspiración bíblica es verbal, es decir que el mensaje “exhalado por Dios” es presentado
en palabras y palabras que fueron aprobadas por el Espíritu Santo y tal como fueron
expresadas por el escritor.
Nos volvemos a detener aquí para aclarar que lo que estamos diciendo no es, que cada
palabra fuera “dictada mecánicamente” sino todo lo contrario.
El autor describió en lenguaje humano, lo que vio y oyó del mensaje de Dios, aplicando
conscientemente su mente a la descripción y guiado por cierto por la iluminación del
Espíritu Santo que se ocupó de que el escritor hallara las palabras adecuadas.
Podríamos continuar hasta la infinidad con datos detallados acerca de la validez de la
inspiración. Sin embargo, nada de esto convence a los que falsamente se llaman “ateos”
o “escépticos” pues ellos cierran sus ojos a la realidad. En primer lugar porque sus
corazones no han sido regenerados por el Espíritu Santo y permanecen en tinieblas sin
poder “ver” la realidad espiritual.
Y en segundo lugar por su arrogancia, producto del orgullo de su corazón, como lo
expresa el salmista: “dice el necio en su corazón, no hay Dios…”.
Sólo aquel que tiene el Espíritu Santo puede detenerse a considerar los misterios de
Dios. La dificultad de la mente para captar la naturaleza y medida de la inspiración, se
debe al hecho de que estamos tratando con una combinación de lo humano y lo divino.
Repetimos, dondequiera que esté Dios, hay misterio.
Pero es precisamente este elemento lo que constituye la gran gloria de la revelación
cristiana.
Existe la necesidad de una mezcla misteriosa de lo divino y lo humano en el libro.
Es indubitable que Dios habla en la Biblia pero a Él le ha placido hacerlo en ropaje
humano muchas veces, en lenguaje de los hombres, porque a los hombres se dirigía y ha
sintonizado la música de su mensaje a los tiempos, los idiomas, los individuos, los
temperamentos; más el sello, el soplo de su espíritu permanece. Por ello si los amigos
de Job han hablado y sus palabras están dentro del libro inspirado, allí mismo Dios les
dice: “No habéis hablado por mí con rectitud” (12:8).
Bien, con todo esto ensayaremos una definición de la inspiración que contiene todos los
elementos de las que hemos tratado y que nos ayudará a memorizarla, pero ahora,
comprendiendo cada frase.
“La inspiración es la acción del Espíritu Santo que obra en los escritores sagrados y los
impulsa a escribir la revelación que recibieron de Dios para que los demás hombres
puedan conocerla de manera inerrable e infalible.”
Conclusión
Podemos todavía terminar haciendo algunas conclusiones importantes que nos ayudarán
para responder a los desconfiados de turno que siempre encontraremos.
En primer lugar: es maravilloso pensar que en la misma Biblia el Espíritu Santo se
anticipa a decirnos que las palabras de Dios no vinieron por la voluntad o deseo del
hombre, sino que fueron “movidos” precisamente por el Espíritu Santo según leemos en
II Pedro 1:21.
En segundo lugar: no es de extrañar que el Señor Jesucristo en todo su ministerio
público enseñara y explicara el sentido del Antiguo Testamento y nunca en ninguna
oración hizo alusión a la posibilidad de errores en sus sagradas páginas y, sin embargo,
si recordamos, que él denunciaba los errores de su día (Mateo 23) y que estaba presto a
detectar y a corregir los errores de su propio pueblo, (Lucas 9:55), “Entonces,
volviéndose él, los reprendió, diciendo: vosotros no sabéis de qué espíritu sois.”
Si en la Biblia hubiesen existido todos esos errores que han preocupado a tantos
escépticos, el mismo Señor Jesucristo nos habría advertido contra ellos; pero no fue así,
sino todo lo contrario, ya que Él, siendo como dice Apocalipsis 3:14: “El testigo fiel y
verdadero” atestigua la veracidad de las Escrituras al decir en Juan 10:35, “Si llamó
dioses a aquellos a quienes vino la palabra de Dios (y la escritura no puede ser
quebrantada), ¿al que el Padre santificó y envió al mundo, vosotros decís: Tú
blasfemas, porque dije: Hijo de Dios soy?” y en Lucas 21:22, “Porque estos son días
de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas.” Él puede
afirmar: “Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota
ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido” (Mateo 5:18).
Ahora bien, conviene precisar que los términos “la ley, los profetas y los salmos” eran
las expresiones utilizadas por los judíos para representar todo el Antiguo Testamento y
el Señor Jesucristo no podría nunca hacer alusión al mismo y utilizarle si alguna de sus
partes no fuese inspirada o tuviese errores, de ahí que Él afirma: “Todas las cosas que
están escritas en la ley de Moisés y en los profetas y en los Salmos referentes a mí han
de ser cumplidas” (Lucas 24:44).
Si todo lo que hasta aquí hemos dicho para corroborar la inspiración divina de las
escrituras ha sido importante ¿no es más importante todavía el testimonio del mismo
Señor Jesucristo? Eso es más que suficiente para que todo aquel que se llame cristiano
descanse confiadamente en la Palabra de Dios.
Podemos concluir aquí meditando en las palabras del Salmo 19:7-14. ¿No sentimos
cierto escozor al pensar que Jesús también meditaba y oraba con este salmo? ¡Qué alto
privilegio! Este de tener a nuestro alcance toda la Palabra de Dios, llena de las
cualidades eternas que aquí se describe. ¡Disfrútala, ámala y obedécela!
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