El Canon del Nuevo Testamento
Ya vimos el significado de la palabra ‘canon’ y como las iglesias cristianas, desde el
comienzo, aceptaban los escritos judaicos como la Palabra de Dios y les daban en sus
asambleas el mismo lugar que habían tenido en la sinagoga.
Así a medida que aparecieron los escritos apostólicos se los añadía a las Escrituras
hebreas y se los respetaba con misma veneración sagrada. Además, cada iglesia poseía
no solamente lo que se le había escrito directamente si no que agregaban copias de las
demás, escritas a las otras iglesias.
Comienzos neo-testamentarios del canon
En el mismo Nuevo Testamento vemos que, viviendo aún los apóstoles, ya hay
indicaciones para que las iglesias formaran colecciones de los escritos y los colocaran a
la par del canon hebreo.
-Pablo reclamaba tener la inspiración de Dios en sus enseñanzas (I Corintios 2:7-13;
14:37; I Tesalonicenses 2:13.)
-Igualmente Juan, respecto al Apocalipsis (1:2)
-Pablo sugirió que sus epístolas se leyeran en las iglesias. (Colosenses 4:16; I
Tesalonicenses 5:27; II Tesalonicenses 2:15)
-Pedro escribió con el fin de que “estas cosas” permanecieran en las iglesias “después
de su partida” (II Pedro 1:15; 3:1,2)
-También citó como escritura del Nuevo Testamento en I Timoteo 5:18: “Digno es el obrero de su salario” – frase que no encontramos en ninguna parte de la Biblia sino en
Mateo 10:10 y Lucas 10:7, lo que evidencia que uno de estos ya existía cuando Pablo
escribió la primera carta a Timoteo y de que se le tenía por “Escritura.”
-También Pedro incluye las epístolas de Pablo con “las otras escrituras” (II Pedro
3:15,16)
Hasta donde los apóstoles eran conscientes de que sus escritos llegarían a ser parte de
las Escrituras Sagradas para el futuro, no lo sabemos. Ellos escribieron muchas cartas
teniendo presente necesidades del momento y sin saber su destino posterior. Pero al leer
sus escritos notamos en sus palabras una sabiduría tan especial y trascendente que sólo
la misma inspiración del Espíritu Santo podría darles. Sin duda que sus escritos tenían
vida y el sello del mismo Espíritu, por lo que es notable que ninguna iglesia los
rechazara o discutiera su legitimidad.
Además, es claro que el mismo Dios a “Su manera” determinó cuales de todos los
escritos debían conservarse.
Las primeras colecciones eran incompletas
Los medios de comunicación no tenían la velocidad y eficacia de hoy. Los viajes eran
lentos y sumamente peligrosos. Lo que hoy lleva un viaje de una o dos horas en avión,
en ese entonces lo era de meses o años. Tampoco se conocía la imprenta y el hacer
constantemente copias a mano era un trabajo lento y laborioso. A eso debemos sumarle
que era una época de persecución por lo que los escritos debían ser celosamente
escondidos, para no ser destruidos, como pasó en cientos de ocasiones.
Así, hasta la época de Constantino tampoco había reuniones o asambleas públicas o
concilios donde cristianos de distintos puntos geográficos pudieran reunirse y comparar
sus informes de los escritos que tenían. Entonces las primeras colecciones del Nuevo
Testamento variaron de una región a otra en cuanto a la cantidad de libros que iban
poseyendo y por otra, ‘reconociendo’ como Palabra de Dios. Se imaginan entonces, que
el proceso de llegar a la unanimidad del Nuevo Testamento era muy lento.
Libros falsos o dudosos
Además de los que se iban reconociendo, había muchos libros (o escritos) más, tanto
buenos como fraudulentos, como veremos más adelante. Algunos eran tan buenos y
valiosos que por algún tiempo se los consideraba como de “Las Escrituras”. Y otros
eran unas falsificaciones a todas luces. En esto es de suma importancia que la gran
norma por la cual se juzgaba a un libro antes de aceptarlo, era si tenía procedencia
apostólica genuina.
El estudio de los mismos no siempre era fácil, más cuando se trataban de escritos poco
conocidos y de regiones sumamente distantes.
Testimonios contemporáneos de los escritos del Nuevo Testamento
Existían pero son pocos, en parte por el material que se usaba para escribir que pronto
se destruía con el tiempo. Pero también por la gran destrucción de los escritos cristianos
en la persecución.
Pero aunque sean pocos, son un testimonio de la existencia en sus días de un grupo de
escritos autoritativos a los cuales los cristianos consideraban como “Las Escrituras” y
abundan en alusiones y citas del Nuevo Testamento.
Por ejemplo, citaremos sólo algunos:
Policarpo, en su carta a los Filipenses cerca del 110 DC cita Filipenses y reproduce
frases de otras nueve epístolas de Pablo y de I Pedro dice: “Tengo cartas vuestras y de
Ignacio. Enviaré la vuestra a Siria, como pides. Y os mando la carta de Ignacio y otras y
la presente carta mía.” Lo que indica que en la época de Policarpo las iglesias ya habían
comenzado a coleccionar copias de escritos cristianos.
Papías, era alumno de Juan (70-155 DC) y escribió una “Explicación de los Discursos
del Señor” en que cita de Juan y relata tradiciones de Mateo y Marcos en cuanto a su
origen.
Ignacio, en sus siete cartas escritas cerca del 110 DC durante el viaje de Antioquía a
Roma para su martirio, cita Mateo, I Pedro, y I Juan. Menciona a epístolas de Pablo y
sus cartas revelan huellas de los otros tres evangelios.
Tertuliano, (160-220) de Cártago, quien vivía mientras los manuscritos originales de las
epístolas aún existían, habla de las Escrituras Cristianas como el Nuevo Testamento
(título que aparece por primera vez en los escritos de un autor desconocido de cerca del
193 DC). En las obras existentes de Tertuliano hay 1800 citas de los libros del Nuevo
Testamento.
En su obra “Contra Herejes” dice:
“Si queréis ejercitar vuestra curiosidad con provecho en el asunto de vuestra salvación,
visitad las iglesias apostólicas en donde las sillas mismas de los apóstoles todavía
presiden en sus sitios; en las cuales se leen sus propias y auténticas epístolas, haciendo
resonar la voz y representarse el rostro de cada uno de ellos. ¿Os queda cerca Acaya?
Tenéis a Corinto. Si no estáis lejos de Macedonia, tenéis a Filipos y a Tesalónica. Si
podéis ir a Asia tenéis a Éfeso. Si estáis cerca de Italia, tenéis a Roma.”
Estas son sólo algunas citas de los llamados Padres de la Iglesia y que en parte fueron
contemporáneos de los apóstoles con el fin de poder ver en general la seriedad con que
se fue formando el canon del Nuevo Testamento.
Por supuesto que también hay citas de escritos herejes donde se citan libros del Nuevo
Testamento para apoyar esas herejías como es el caso de Basilides, un hereje gnóstico
que enseñó en Alejandría (117-138).
Marción, otro hereje cerca del 140 DC que formó un canon propio para favorecer su
herejía. Por supuesto, ustedes pueden profundizar la investigación si lo desean.
Nosotros continuaremos ahora con la recopilación final del Nuevo Testamento.
La formación del Nuevo Testamento
Para llegar entonces, a la recopilación final del Nuevo Testamento acudiremos otra vez
a la valiosa información que nos brinda el Manual de H. Halley:
“Eusebio (264-340 DC) obispo de Cesarea e historiador de la Iglesia, vivió durante la
persecución de los cristianos bajo Diocleciano, esfuerzo último y desesperado de Roma
para borrar el nombre de ‘cristiano’. Fue encarcelado él mismo. Uno de los objetos
especiales de esta persecución fue la destrucción de las escuelas cristianas. Durante diez
años los agentes de Roma buscaban las Biblias y las quemaban en las plazas. Para los
cristianos en aquellos días horrendos, el asunto de exactamente cuáles libros formaban
sus escrituras no era cosa de poca monta.»
Eusebio vivió hasta el reinado de Constantino, quien aceptó el cristianismo y lo hizo
religión de su corte y del imperio. Eusebio llegó a ser el principal consejero de
Constantino en lo religioso. Uno de los primeros actos de Constantino cuando llegó al
trono fue ordenar, para las iglesias de Constantinopla, cincuenta Biblias que debían
preparar copistas hábiles bajo la dirección de Eusebio, sobre la vitela más fina. Debían
ser llevadas de Cesarea a Constantinopla en carruajes reales. En su orden a Eusebio
dice:
“He creído conveniente ordenar a vuestra prudencia que mandes hacer 50 ejemplares
de las Sagradas Escrituras cuya provisión y uso sabes es necesarísimo para la
instrucción de las iglesias, las cuales deberán hacer un pergamino preparado, de manera
leíble y en una forma cómoda y portátil, copistas bien versados en su arte…Quedas
además autorizado, en virtud de esta carta para usar para su transporte dos de los
carruajes públicos; mediante cuya disposición, las copias, una vez terminadas, serán más
fácilmente remitidas para mi inspección personal. Puede confiarse este servicio a alguno
de los diáconos de tu iglesia, el cual, a su llegada aquí, sabrá de mi liberalidad. Dios te
conserve, amado hermano.”
¿Cuáles libros formaban el Nuevo Testamento de Eusebio? Exactamente los mismos
que forman ahora el Nuevo Testamento nuestro.
Mediante amplia investigación, Eusebio se informó de cuáles libros habían tenido la
acogida general de las iglesias. En su historia de la Iglesia habla de cuatro clases de
libros:
1- Los universalmente aceptados.
2- Los libros “disputados”: Santiago, II Pedro, Judas, II y III Juan, de los cuales aunque
incluidos en las Biblias suyas, dudaban algunos.
3- Los libros “espúreos”, entre los cuales cita: “Los Hechos de Pablo”, el “Pastor de
Hermas”, el “Apocalipsis de Pedro”, la “Epístola de Bernabé” y el “Didache.”
4- La “Falsificación de Herejes”, el “Evangelio de Pedro”, el “Evangelio de Tomás”, el
“Evangelio de Matías”, los “Hechos de Andrés” y los “Hechos de Juan.”
A toda esta información agreguemos que el Concilio de Cártago (397 DC) dio su
aprobación formal a los 27 libros del Nuevo Testamento tal cual nosotros los
conocemos hoy.
No es que este concilio formó el canon, sino que reconoció lo que ya era el criterio
unánime de las iglesias y que habría heredado también como los 27 libros aceptados por
los Padres de la Iglesia.
Lo que sí nos tiene que quedar en claro es que tanto católicos como protestantes tienen
los mismos libros del canon (vara o regla de medir) y nunca han discutido sobre ellos.
Pero cualquier persona culta sabe que si el Antiguo Testamento católico añade más
libros apócrifos o deuterocanónicos, no por esa diferencia vamos a decir que la Biblia
católica es completa ni que la protestante es falsa.
Sencilla y finalmente, toda la historia de las escrituras deja en claro la posición
evangélica que acepta 39 libros en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento.
Libros apócrifos del Nuevo Testamento
Son todos los libros que aparecieron en el siglo I. Eran en su mayoría falsificaciones,
como dice un escritor: “Están llenos de historietas absurdas e indignas de Cristo y de los
apóstoles, que nunca han sido considerados divinos ni encuadernados en nuestras
Biblias.” “Son intentos deliberados de llenar los vacíos del Nuevo Testamento
referentes a Jesús a fin de favorecer pretensiones heréticas mediante asertos falsos.”
Había en circulación cerca de 50 evangelios espúreos además de muchos “Hechos” y
“Epístolas”; ante tal cantidad de escritos falsos se imaginan qué importante se volvió
para la iglesia distinguir lo verdadero de lo falso.
Muchos de ellos son el origen de los dogmas de la Iglesia Católica Romana.
Estos son algunos de los más conocidos:
El evangelio de Nicodemo, Proto-evangelio de Santiago, la Asunción de María (culmina
con la remoción de su “inmaculado y precioso cuerpo” al paraíso), el evangelio según
los Hebreos, el evangelio Seudo-Mateo, el evangelio de Tomás, la natividad de María,
el evangelio árabe de la niñez, el evangelio de José el carpintero, Apocalipsis de Pedro,
los Hechos de Pablo, los Hechos de Pedro, los Hechos de Juan, los Hechos de Andrés,
los Hechos de Tomás, Carta de Pedro a Santiago, la epístola de Laodicea, Cartas de
Pablo a Séneca, y las cartas de Abgaro.
La característica de todas estas narraciones es que vagan en lo absurdo y fantasioso,
otras son para promover falsas doctrinas y herejías.
Escritos de los Padres Apostólicos
Estos no deben confundirse con los libros falsos anteriormente enumerados ¿Quiénes
eran los Padres Apostólicos? Fueron los contemporáneos parciales de la generación
apostólica. De ahí la importancia histórica de sus escritos como testimonio de la
veracidad del Nuevo Testamento para los cristianos.
Como pueden apreciar, conforman el eslabón de unión entre los apóstoles y la historia
posterior de la iglesia.
Algunos fueron tan altamente estimados que en algunos lugares y por algún tiempo se
les consideró parte de la escritura. Son los siguientes:
-Epístola de Clemente a los Corintios (95 DC). Clemente fue obispo de Roma,
compañero de Pedro y Pablo y se cree que conoció a Juan.
-Epístola de Policarpo a los Filipenses. Cerca del 110 DC, era discípulo de Juan y
obispo de Esmirna.
-Epístola de Ignacio, en el 110 DC aproximadamente. Fue alumno de Juan y obispo de
Antioquia. Escribió 7 epístolas y padeció el martirio.
-La epístola de Bernabé. Escrita entre el 90 y 120 DC. Algunos creen que haya sido el
Bernabé del Nuevo Testamento pero otros lo dudan.
-Los fragmentos de Papías. Era obispo de Hierápolis y padeció el martirio por el mismo
tiempo que Policarpo.
-La Didaché o enseñanza de los doce, o más extensamente, la enseñanza del Señor por
medio de los doce apóstoles a los gentiles. Es una declaración de un autor desconocido.
-El Pastor de Hermas. Es el ejemplo más antiguo de una alegoría cristiana. Era «El
Peregrino» de la iglesia primitiva.
-La Apología de Arístides. Filósofo de Atenas. Escribió una “Defensa del Cristianismo”
a Adriano en el 125 DC. Es el más antiguo tributo literario de un filósofo al cristianismo
que se conoce. Es de Atenas, cuna de la filosofía.
-Justino Mártir. (100-167 DC). Un filósofo que después de haber probado la filosofía
estoica, peripatética, pitagórica y platónica, halló satisfacción final en el cristianismo.
-Segunda epístola de Clemente. Entre el 120 y el 140 DC.
-La epístola de Diogueto. Un autor que reclama su discipulado de los apóstoles.
Concluimos entonces que los escritos de los Padres Apostólicos son fuentes importantes
para sumar veracidad a los escritos del Nuevo Testamento y una visión más amplia para
el estudiante de la Biblia.
El conocimiento de todo este material tiene como fin que cada cristiano pueda saber
presentar con claridad la explicación debida acerca de la inspiración de la Biblia como
libro de Dios.
Pero es también sentar una base firme para el comienzo a un estudio más serio de la
Biblia. Perderle el temor al estudio detenido y serio de la Palabra. Lo cual también
evitará que por ignorancia no demos un buen testimonio de la verdad. ¿Qué buen
testimonio puede dar un cristiano que no conoce bien su Biblia?
Estamos ante el maravilloso desafío de conocer más a la persona de Cristo estudiando
Su Palabra.
Me uno contigo en oración para que se cumpla en nosotros el reto del Apóstol Pablo:
“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad” (II Timoteo 2:15).
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