• Andrés Reina publicó una actualización

      Hace 12 horas

      Charles Spurgeon vs. D.L. Moody

      Se cuenta que Charles Spurgeon invitó a D.L. Moody a hablar en un evento que él organizaba.

      Moody aceptó y predicó durante todo el tiempo sobre los males del tabaco y por qué el Señor no quiere que los cristianos fumen.

      Spurgeon, un ávido fumador de puros, se sorprendió por lo que parecía un golpe bajo por parte de Moody, usando el púlpito para condenar a un compañero ministro por violar un asunto de conciencia personal (en este caso, la conciencia de Moody).

      Cuando Moody terminó de predicar, Spurgeon subió al podio y dijo: «Señor Moody, dejaré mis puros cuando usted deje su tenedor».

      Y es que Moody tenía sobrepeso.

      Así que tengamos cuidado la próxima vez que nos ofendamos cuando consideremos que lo que hace o dice otro creyente está mal, es pecado o es «inapropiado», cuando en realidad solo está violando un estándar personal y subjetivo nuestro.

      Así tenemos miles de hermanos que piensan que la música rock «es del diablo», y juzgan a todos los que la escuchan como poco espirituales, pero al mismo tiempo está obsesionado con un equipo de fútbol.

      Y también está el que cree que ver fútbol los domingos «es del diablo», pero toma mucho vino.

      Y luego el que cree que tomar vino es pecado, y es del partido socialista. Y el que cree que el Partido Socialista «es del diablo», pero los fines de semana se va a matar animales sólo por recreación.

      Y así podríamos seguir con la lista.

      Es hora de volver a leer y practicar Romanos 14:

      Pablo enseña que los creyentes no deben juzgarse ni menospreciarse unos a otros por prácticas que no son pecados claros, sino asuntos de conciencia personal, como lo que se come o la observancia de ciertos días.

      Cada persona debe estar plenamente convencida en su propia mente, y todo lo que no proviene de fe (o convicción interna) es pecado.

      El capítulo enfatiza:

      • Aceptar al hermano débil en la fe sin discutir sobre opiniones.

      • No juzgar al que come de todo ni al que solo come vegetales, porque Dios lo ha recibido.

      • No menospreciar ni condenar al hermano, pues cada uno dará cuenta de sí mismo a Dios.

      • Vivir para el Señor, no para sí mismo, porque Cristo murió y resucitó para ser Señor de vivos y muertos.

      • Evitar poner tropiezo u obstáculo al hermano por causa de la comida o bebida.

      • El reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

      • Buscar la paz y la edificación mutua en lugar de destruir la obra de Dios por asuntos de conciencia.

      Conclusión práctica: Todo lo que no procede de convicción personal (fe) es pecado. Por tanto, debo abstenerme de algo si eso hace tropezar a mi hermano, pero sin imponer mis estándares subjetivos como ley universal.