18 de Enero – Bienestar

“Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios.”  Salmos 146:5 (NVI)
Bienestar
La Gracia de Dios me han dado cientos de hermanos amados que oran por mi ministerio. Queridos amigos que desinteresadamente y por amor, me sostienen con sus oraciones. A algunos los veo ocasionalmente; con otros, como viven muy lejos de casa, solo nos contactamos a través de un mail. Pero sin su apoyo me derrumbaría. Nadie puede sostenerse solo en el servicio a Dios. Podés aguantar un tiempo, pero siempre es necesario recargar las baterías en la Gracia de la Iglesia de Dios.
Con algunos hablamos por teléfono o nos vemos ocasionalmente. Entre ellos está Elsa, una joven cristiana de 75 años que es un ejemplo de constancia para mi vida. A veces ella me deja un mensaje en el contestador del teléfono y sus palabras son de aliento para mí.
Ayer me dio este texto que era justo lo que necesitaba. No siempre estamos con el mismo ánimo, ni tenemos la misma fuerza. Las ganas varían según lo que nos pasa en el día y cuesta mantener la constancia. Estaba en uno de esos días empantanados. Cuando sentís que te cuesta arrancar, es como cuando se queda el auto en el barro y no podés sacarlo. Empujás, transpirás, te embarrás, pero no se mueve ni un milímetro.
Y después de tanto esfuerzo estás peor que al comienzo. Más cansado, más embarrado y en el mismo lugar. Demasiada frustración junta para soportarla. Y en medio de mi sentimiento estancado, recibo este texto maravilloso.
Es feliz el que tiene como ayuda a Dios. Aquel que sabe que puede llegar al Trono de la Gracia para hallar socorro oportuno. Aquel que sabe que Dios es su esperanza y que Dios es fiel. No importa cuán difícil sea el presente, cuán oscuro sea lo que pensamos que viene por delante, es feliz aquel cuya esperanza está en el Señor.
Y refresqué mi mente para descentrarme de mi barro y levantar la mirada. No es fácil. Seguía embarrado, cansado y frustrado. Pero algo cambió. Recordar que puedo confiar en la fidelidad de Dios no eliminó las dificultades, pero fortaleció mi alma, renovó mis fuerzas, y me dio la energía para dar otro paso. Hay bienestar para los que confían en Dios.  ¡Gracias Elsa!
REFLEXIÓN – El que pone a Dios al principio será feliz hasta el final

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