19 de noviembre – Actitud

“Jesús fue con ellos. Pero cuando ya no estaban lejos de la casa, el centurión envió a él unos amigos, diciéndole: Señor, no te molestes, pues no soy digno de que entres bajo mi techo.” Lucas 7:6 (RVR)
Cristo quedó admirado por la actitud de este centurión romano. Era un oficial del ejército invasor que había conquistado al pueblo de Israel. Y seguramente por su posición social tendría varios siervos. En aquellos días, los siervos eran herramientas vivas. Los amos tenían absoluto derecho sobre ellos. Podían hacerlos trabajar hasta morir, venderlos, o torturarlos sólo por diversión.
Este centurión tenía a un siervo enfermo. Y la preocupación por su salud, lo hizo ir a buscar a los ancianos judíos de su pueblo, para que le pidieran a Jesucristo que lo sanara. El enemigo le estaba pidiendo ayuda a sus sometidos. Sólo por una cuestión de orgullo el centurión debería haber evitado ese pedido. Además lo ponía en una situación de desventaja ya que les debía un favor a esos hombres. Y era seguro que se lo iban a cobrar.
Es posible que sus superiores estuvieran en desacuerdo con esa decisión. Era una situación políticamente delicada. Pero al centurión no le importó. Él quería salvarle la vida a su siervo. A diferencia de lo que habrían hecho muchos en su lugar, dejar morir al enfermo y reemplazarlo por otro, este hombre pidió a sus amigos que buscaran a Cristo.
Y cuando todavía estaba lejos, sabiendo que las costumbres judías impedían a tales personas entrar en la casa de un gentil, le mandó unos emisarios a Jesucristo para que a la distancia, haga el milagro de la sanación. Su fe alcanzaba para pedir un milagro a lo lejos. Y su respeto por la persona de Cristo le hizo tomar esta decisión. ¡Cómo no iba a admirarse Jesucristo por la actitud de este soldado romano!
Sabía que si el milagro fallaba todo lo que había hecho no serviría para nada y su situación personal y política quedaría muy debilitada. Pero lo hizo igual. Cuando llegó la comitiva a la casa el siervo ya estaba sano.
¿Qué harías vos en su lugar? ¿Qué actitud tendrías? Aplicá la virtud del centurión, quien conociendo a Cristo supo confiar en Él. Que la duda o las presiones no te hagan cambiar. Que puedas valorar la grandeza de Cristo, reconocer quién es, para admirarlo y respetarlo.
REFLEXIÓN – Es cuestión de actitud.

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