25 de Mayo – Libertad


Porque por precio fuisteis comprados, no os hagáis esclavo de los hombres.” 1 Corintios 7:24 (NVI)
Libertad
Hoy se recuerda la gesta de la revolución de Mayo –  cuando iniciamos el camino de la libertad del dominio de España. No éramos esclavos pero estábamos controlados. Para el caso es casi lo mismo. La esclavitud es terrible. Uno no puede imaginarse lo que significa, ya que lo más cercano que conoce es por alguna película. Hoy vivimos en libertad, con derechos y leyes que nos defienden. Pero la fatídica situación de un esclavo era muy patente para los cristianos de Corinto.
Ellos sabían que los esclavos eran herramientas vivas, que podían ser usados por sus amos de la manera que ellos quisieran. Podían hacerlos trabajar hasta morir, podían golpearlos por diversión, podían matarlos y era legal. El esclavo no tenía vida propia, no tenía derecho, no tenía esperanza, no tenía bienes, no tenía nada.
La única posibilidad de ser un hombre libre era depositar el importe de su precio en el templo de algún dios. Si podía juntar el dinero, el sacerdote convocaba a su amo y le informaba que ese esclavo dejaba de serlo porque a partir de ese momento, pertenecía al dios de ese templo, y en consecuencia ya no podía ser esclavo de ningún hombre. Cambiaba de dominio y pasaba a ser un hombre libre.
Eso es justamente lo que Cristo hizo con nosotros. Éramos esclavos del pecado y estábamos condenados sin esperanza, sin futuro, sin posibilidades. Pero un día, Cristo pagó el precio. No fueron monedas, sino su propia vida. Cristo pagó nuestro rescate con su misma sangre. Tanto te ama que estuvo dispuesto a dar Su Vida por la tuya, Él tomó tu lugar.
¡¡¡Es increíble el amor de Jesucristo!!! Cuando éramos sus enemigos y hacíamos todo lo que Él desaprueba, cuando nuestra conducta era condenable y perversa, Cristo nos amó y desinteresadamente pagó el precio de nuestra libertad.
Me imagino a ese esclavo que pudo juntar el precio de su liberación cómo estaría la misma tarde que el sacerdote decreta su libertad. Tiene las manos gastadas y encallecidas, su único vestido estaba sucio y roto, su espalda llena de cicatrices por los látigos, su alma con las heridas todavía abiertas, sus piernas cansadas, pero levanta su mirada al cielo y sonríe. Ahora es libre.
Lo mismo hizo Jesús con vos. Solo hace falta hacer memoria. Es un buen momento para adorarlo y alabarlo, para agradecerle su enorme muestra de amor hacia vos.
REFLEXIÓN – La libertad es alegría.

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