28 de febrero – Prejuicio

“Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor.” 1° Corintios 4:5 (RVR)
El prejuicio es algo instalado en la mente del ser humano. Somos prejuiciosos por naturaleza. Emitimos un juicio sobre una persona sin conocerla, sólo por su aspecto. Si está vestido de saco y corbata trabaja de gerente, si tiene un overol manchado con grasa trabaja en un taller mecánico. Si sonríe es agradable, si está serio es antipático. Caratulamos a las personas según la apariencia. Jamás se nos ocurre pensar que un hombre con traje puede ser un gran ladrón.
También nos movemos prejuiciosamente. Nos cambiamos de vagón de tren, cuando a la noche volvemos a casa y hay un grupito de algunos muchachos que están hablando fuerte. Opinamos sobre las mujeres, según la ropa que usan. Este mal lo llevamos a la iglesia y actuamos igual. Prejuzgamos antes de preguntar. Tomamos partido sin averiguar a fondo. Así surgen las diferencias, los problemas, los chismes y las divisiones dentro de la iglesia.
Pablo nos deja un consejo, y mandamiento a la vez, que es netamente social. Porque el prejuicio tiene consecuencias que trascienden a la persona. Siempre afecta a terceros. Y muchas veces, como es un juicio anticipado, es también un juicio equivocado.
Muchas veces juzgamos la intención del corazón. Y eso es gravísimo, porque sólo Dios puede saberla. Por eso es que Pablo propone dejarle el juicio a Dios. No te apures a pensar mal de otro porque no podés saber con seguridad cuáles son sus intenciones, sólo Dios puede conocerlas.
Tal vez te parezca que Fulano hizo esa tarea para figurar, porque quería que lo aplaudieran. Ponele siempre a tu juicio un manto de amor. Y en lugar de pensar mal de esa persona, pensá bien.
En lugar de pensar que fue con mala intención, pensá que lo hizo en beneficio de otros. Siempre es mejor tener cuidado. Y que tus palabras, cuando hables, sean mejor que el silencio. Que construyan en lugar de destruir.
Es un ejercicio difícil cambiar los preconceptos, pero Dios nos llama a hacerlo. Nadie tiene derecho a emitir un juicio sobre otra persona, sin fundamento. Las suposiciones no sirven, es necesario contar con hechos concretos. Siempre es mejor pensar con la mente de Dios, sin mala intención. Todo prejuicio es una posible anticipación equivocada, tené cuidado.
REFLEXIÓN — No pierdas el juicio por tu prejuicio.

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