6 de junio – Cuenta

“Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos.” Salmos 19:1 (RVR)
La humanidad todavía sigue discutiendo sobre el origen del universo, y la teoría más aceptada es la del Big Bang, pero aunque está considerada como una teoría sólida, se desmorona ante el interrogante que plantea de dónde surgió esa primera energía que hizo la gran explosión.
Cuentan que en una ciudad vivía un herrero que hacía ventanas de hierro. Una noche, el herrero escuchó golpes y ruidos en su taller. Pensando que eran ladrones, bajó a su lugar de trabajo, pero estaba la puerta cerrada. Abrió con la llave y no vio a nadie. El taller estaba ordenado y desierto. Sorprendido, después de buscar mucho, volvió a su cama. Así fue toda la noche, escuchaba ruidos, bajaba, no encontraba nada más que silencio y orden y volvía al dormitorio.
A la mañana siguiente, como todos los días, fue al taller y para su sorpresa encontró que había una magnifica ventana de hierro perfectamente terminada y exquisita. “Esto es maravilloso, nadie pudo hacer esto, es sin duda la consecuencia de un accidente. Sin duda, el hierro, los martillos y las sierras actuaron y por casualidad, quedó formada esta ventana.” Cuando en la ciudad escucharon la historia del herrero, dejaron de comprarle.
Nadie podía creer que la casualidad hubiera hecho semejante obra. Para lograrlo, era evidente que se había necesitado un cerebro que organizara la tarea y los materiales, con poder creador. Lo mismo pasa con la naturaleza. Es más difícil creer que todo lo que vemos fue creado por la casualidad cósmica, que darle el crédito creador a Dios. Sin embargo, muchos aún no lo creen y cuestionan la mano de Dios en los orígenes de la creación.
Pero alcanza con mirar el cielo en una noche estrellada, el movimiento de las copas de los árboles, el pasto con el rocío húmedo de la mañana, la fuerza terrible de un río, la perfecta belleza de una flor, una bandada de pájaros cantando, la gloria del león, la simpleza del gorrión, o lo que quieras mirar, para darte cuenta que detrás de toda esa maravilla, hay una mente perfecta y creadora, hay un orden universal, hay sólo un ser, Dios.
Adoremos a Dios por su poder y su eterna sabiduría, y cuidemos el regalo que nos hizo: la naturaleza.
REFLEXIÓN — Sólo al hombre se le ocurre negar la mano de Dios al crear.

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