OFRECEDLE SACRIFICIO DE ALABANZA

Tuya, Dios, es la alabanza en Sión.

Para nosotros solo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para quien nosotros existimos; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual han sido creadas todas las cosas y por quien nosotros también existimos.

Para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre, que lo envió.

Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.

El que ofrece sacrificios de alabanza me honrará, y al que ordene su camino, le mostraré la salvación de Dios.

Vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos. Clamaban a gran voz, diciendo: ¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono,  y al Cordero!  diciendo: ¡Amén! La bendición, la gloria, la sabiduría, la acción de gracias, la honra, el poder y la fortaleza sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. ¡Amén!

    Sal.65:1  I Co.8:6  Jn.5:23  Heb.13:15  Sal. 50:23  Ap. 7:9,10,12

 

 

 

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  1. Oh como no anhelarte Dios mío, grande eres en poder, infinito en Tus misericordias, las que renuevas en todo momento, que nos llamas solo para amarnos y bendecirnos, para encaminarnos y corregirnos, como un padre a su hijo a quien ama. Como no alabar Tu nombre mi Dios si sin merecerlo Jesús mi Salvador un día se cruzó en mi camino, y no mirando mis bajezas y perdonando mis muchos pecados me amó y me invitó seguirle, gosoza le acepté como mi unico y suficiente Salvador, mi único camino al Padre, porque El derramó Su preciosa Sangre y con ella me lavó y me vistió con vestiduras nuevas, aleluya, gloria a Dios, y luego calzó mis pies con el apresto del evangelio y puso aquella espada de doble filo en mis manos dejando con ella aquel camino a seguir de ese de ese día en adelante hasta que El venga a buscar a los que le esperan, me enviado a predicar Su evangelio a toda criatura, a contar las maravillas que ha hecho en mi vida y en la de todos los míos, y aquí estoy, siento algo tan especial en mi corazón y es mi Señor Jesús que habita en mi confirmando cada palabra que mis dedos digitan, mi corazón salta y un gozo inefable invade todo mi ser, ¡que locura! ¿No? Para Dios honra y gloria desde ahora y para siempre. Amen y amen