1 de Diciembre – Sabemos

“Sabemos que el que ha nacido de Dios no practica el pecado: Jesucristo, que nació de Dios, lo protege, y el maligno no llega a tocarlo.” 1 Juan 5:18
Sabemos
Hoy no hay certezas. Nadie puede aseverar algo con completa seguridad. Ya no hay conceptos absolutos. Hoy todo es relativo. Adaptamos las normas a nuestra conveniencia, y modificamos nuestro juicio según el culpable del delito. Depende del color del cristal con que se mira. Las verdades de antes hoy son cuestionadas. Hoy se permite lo que antes estaba prohibido.
Lo único certero el la Palabra de Dios. Nunca cambia y juan nos recuerda que hay algo que es seguro. El hijo de Dios no practica el pecado. Es imposible que una persona no cometa pecado. Porque somos todos pecadores por naturaleza. No hay seres impecables en la tierra.
Pero lo que diferencia al hijo de Dios de todas las demás personas, es que el cristiano no tiene hábitos pecaminosos. Su conducta cotidiana es diferente. Puede pecar, se puede equivocar. Pero cada vez que lo hace, su conciencia y el Espíritu Santo lo entristecen para que se arrepienta y cambie su actitud.
Es maravilloso pensar en la paciencia de Dios, que sigue amando a pesar de nuestras faltas y errores. Siempre perdona y da una nueva oportunidad. Las personas son quienes se ponen en el papel de jueces y quieren imponer con sus ideas que cosa está bien o está mal. ¡Gracias a Dios que Dios va a juzgar las actitudes y las faltas de cada uno! Él es un Dios justo y amoroso, que conoce lo más profundo del corazón.
Dios no puede ser engañado, Él sabe que hay dentro de tu pensamiento aunque vos quieras ocultarlo. Él conoce ese hábito que estás escondiendo, aunque nadie más lo sepa. No hay nada que pueda permanecer oculto a la mirada de Dios. Y aunque es un Dios totalmente justo, es también totalmente amor.
Y nos mira a través de Jesucristo para darnos otra oportunidad. Si en tu vida hay un hábito de pecar (cualquiera sea ese pecado) hoy es tiempo de cambiarlo. Dios te sigue esperando, te sigue invitando, te sigue amando.
Pero hay algo que es seguro. El hijo de Dios no practica el pecado. Si no querés dejar ese hábito, sería muy bueno que te preguntes ahora, si es que en realidad sos un hijo de Dios.
REFLEXIÓN – Tus hábitos te condicionan, seguro.

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