12 de Marzo – Lágrimas


Así dice Jehová, el Dios de David, tu padre: He oído tu oración, he visto tus lágrimas y voy a sanarte: dentro de tres días subirás a la casa de Jehová. Añadiré a tus días quince años… Isaías dijo: Tomad una masa de higos. La tomaron, la pusieron sobre la llaga y sanó.” 2 Reyes 20:5-7 (NVI)
Lágrimas
La enfermedad es algo terrible. No solo lastima el cuerpo sino que también hiere el alma. Solo aquel que está o estuvo enfermo conoce los laberintos del dolor y la angustia que la enfermedad genera.
Ezequías era el rey de Israel pero también sufría por su enfermedad. El dolor no discrimina, afecta a todos por igual. Muy seguramente habrá consultado con los médicos del palacio buscando una solución, pero hay algo que aclara el relato que marcó la diferencia. Había también elevado a Dios su problema.
Hoy estamos tan acostumbrados a buscar soluciones en otros lugares que olvidamos el poder de la oración. Solo recurrimos a Dios cuando no hay más alternativas, como si fuera el último recurso. Antes que nada, preferimos buscar la posible ayuda de Dios.
Ezequías no hizo esto. Mientras oraba a Dios y le expresaba su grave problema rogándole una solución, también buscó diligentemente ayuda en los médicos. Ambas cosas son importantes y necesarias. A veces Dios actúa a través de la mano de un médico. A veces hace el milagro de curar sin la intervención humana. Pero no podemos forzar a Dios.
No es que debemos desechar el consejo del médico. Todo lo contrario. Debemos aceptarlo y cumplirlo porque estudió para poder sanar. Pero tampoco debemos olvidarnos de Dios. Y debemos orar para que Él guíe la mano del médico.
Incluso hay veces que la sanidad nunca llega. Sin embargo, lo que nunca falta es el consuelo de Dios. Él siempre ve tus lágrimas, ve tu dolor, ve tu angustia, y te ofrece Su Consuelo y Su Paz.
Tal vez nunca te cures y tengas esa enfermedad toda a vida. Puede ser que no lo entiendas pero Dios tiene un propósito también en ello. Aunque te duela mucho y te angustie, Dios tiene el control. Siempre es mejor orar de acuerdo a la voluntad de Dios, ya sea por sanidad o por consuelo. Dios tiene un plan. Y nunca te desampara.
REFLEXIÓN – Dios conoce tus lágrimas.

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