2 de mayo – Descuido

“En la primavera, que era la época en que los reyes salían de campaña, David envió a Joab con la guardia real y todo el ejército de Israel para que aniquilara a los amonitas y sitiara la ciudad de Rabá. Pero David se quedó en Jerusalén.” 2 Samuel 11:1 (RVR)

Dice un viejo dicho: La ocasión hace al ladrón. En la antigüedad, los reyes salían a la guerra en primavera, no porque quisieran cuidar a sus soldados para que no tuvieran frío, sino simplemente porque antes de esa estación era imposible movilizar las grandes plataformas para tomar las ciudades amuralladas.
David siempre estuvo al frente de su ejército. Desde muy joven, cuando Saúl todavía era rey de Israel, David ya salía a pelear con sus hombres. Más tarde, cuando el propio David fue rey, continuó comandando su tropa.
Pero esta vez, se quedó en el palacio. No se sabe cuál fue el motivo. Quizá estaba cansado, o enfermo, o simplemente no tenía ganas de ensuciarse con el polvo del camino, quizá sólo quería estar tranquilo, lejos de la sangre y de la locura de la batalla. Así que, mientras el ejército peleaba, David estaba en su palacio.
El problema fue que una tarde, cuando no tenía nada que hacer, aburrido después de dormir la siesta, estaba paseando por la terraza y vio a una mujer bañándose. Una mujer muy bella. Y en lugar de ocuparse en otra cosa, David siguió mirando. Y cuando siguió mirando, codició a esa mujer.
Como era el rey, y todo lo que ordenaba se obedecía, pidió que se la llevaran al palacio. Y se acostó con ella. El diablo es muy astuto, y nos presenta la tentación cuando menos la esperamos. Pero es muy peligroso estar en el lugar equivocado con los pensamientos equivocados.
David pagó muy caro su doble pecado. Y nos dejó esta eterna señal de alarma. No está mal un poco de ocio. Pero tenemos que tener mucho cuidado con lo que miramos. Hasta el hombre más fuerte y seguro puede caer si se descuida.
El gran soldado, fue derrotado porque bajó la guardia. Que no te suceda a vos algo parecido. El diablo está siempre acechando como león rugiente, buscando que vos caigas, peques y ofendas a Dios. Tu mayor responsabilidad es estar atento, para que en ningún momento te dejes seducir por la tentación.
REFLEXIÓN — En la batalla contra el pecado, descuidarse es fatal.

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