5 de Julio – Cambio


“Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás por Saúl, habiéndolo Yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto un rey.” 1 Samuel 16:1 (RVR)
Cambio
Toda pérdida produce tristeza. Cuando un niño pierde su globo, llora; y cuando uno más grande pierde algo que deseaba, no llora pero también se entristece.
Samuel estaba pasando momentos feos. Tras largos años de ser juez de Israel, el pueblo le pide un rey. Samuel sintió como si fuera un desplante, un desprecio, como si toda su actividad como juez no fuera valorada. El pueblo en realidad, despreciaba a Dios y rechazaba Su Gobierno, por eso también dejaban de lado a Samuel.
Cuando Israel tiene un rey, Saúl, el escogido, un hombre ejemplar que parecía que iba a conducirse de tal manera que todo iba a andar bien, se equivoca. Desobedece a Dios y Dios lo desecha. Y Samuel tiene otra frustración.
Uno puede imaginarse al viejo Samuel en su casa, pensando en todo esto. Cansado, triste, solo, sin poder levantar la cabeza. Y frente a este cuadro desolador, una vez más Dios obra.
Es maravilloso pensar en la bondad de Dios. Dios tiene palabras para Samuel. Lo alienta y anima a dejar su tristeza y a avanzar, lo manda a ponerse en acción.
Ahora Samuel tiene que hacer algo. Debe llenar el cuerno con aceite y buscar a una familia. Dios sabía que si dejaba a Samuel en su casa, la tristeza lo iba a consumir. No tenía nada que hacer, más que pensar en lo triste y frustrado que estaba.
Dios lo manda a buscar a Isaí para darle una tarea. El ocio es un enemigo peligroso. Destruye el ánimo y la fuerza, quita las ganas.
En medio de tu tristeza, cuando estás angustiado o te sentís solo, Dios está cerca, tiene unas palabras para alentarte y una tarea para ocuparte. El mejor remedio para la depresión es la ocupación. Dios lo sabe, Él te conoce en detalle y por eso actúa en consecuencia.
El amor de Dios es tan grande que llega a todos los corazones. Su consejo sigue vigente, si estás triste, Dios tiene consuelo para ofrecerte y una tarea particular para que realices.
REFLEXIÓN – Para vencer la tristeza, hay que dejar la pereza.

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