4 de marzo – Elección

“Dijo Jehová a Samuel: Oye la voz del pueblo en todo lo que te digan; porque no te han desechado a ti, sino a mí me han desechado, para que no reine sobre ellos.” 1° Samuel 8:7 (RVR)
Hay un refrán que dice: “Voz del pueblo, voz de Dios”. Pero no siempre la opinión del pueblo es acertada. Cuando hay una manifestación popular y algunos dicen: ¡tiren piedras! ¡dañen ese edificio! ¿es esa la voz de Dios? Definitivamente, ¡no! Ese refrán tan conocido está muy lejos de expresar la realidad.
Esta afirmación se hace evidente en el siguiente hecho: cuando Samuel, que era ya muy anciano, no podía heredar las responsabilidades a sus hijos porque habían dado muy mal testimonio, el pueblo de Israel le pidió que nombrara un rey. El pretexto era injustificable, puesto que tener un reinado monárquico significaba desechar la soberanía de Dios.
El pedido que aparentemente era lógico y correcto, en realidad encubría un desprecio, el desprecio a Dios. Con la excusa de sus propias equivocaciones, este pueblo tan ciclotímico, prefería ser guiado por un hombre en lugar de continuar con la única teocracia que existió en la historia de la humanidad.
Sería fácil hoy censurar esa actitud, viendo las consecuencias, pero para poder hacerlo uno debe tener la conciencia tranquila. Siempre es sencillo criticar una acción cuando los resultados ya están presentes y pueden observarse.
El problema es que muchas veces actuamos como el pueblo de Israel. Y detrás de una necesidad, que aparentemente es lógico y correcto satisfacer, estamos encubriendo un desplazamiento de Dios. Quizá no sean actitudes tan radicales, sino más cotidianas; quizá sea por eso que las minimizamos.
¿Cuántas veces faltamos a una reunión porque está lloviendo, o porque juega nuestro equipo favorito? ¿Cuántas veces dejamos de hacer el devocional por mirar una película en la tele o escuchar el programa de radio? ¿Cuántas veces dejamos de saludar a algún hermano, porque estamos cansados y no tenemos ganas? O cientos de ejemplos más, quizá insignificantes, pero que se resumen en la actitud del pueblo de Israel: en dejar de lado a Dios.
Cuánta tristeza debe soportar Dios al ver a sus hijos amados dándole la espalda. Es terrible pensar que le pagamos de esa manera cuando Él nos dio lo mejor que había en el universo: Jesucristo. Es tiempo de recapacitar. Es tiempo de poner las cosas en su verdadero lugar. Es tiempo de volver a Dios.
REFLEXIÓN — Cada elección es importante, no la minimices.

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