20 de Enero – Piedras

“Esto sucedió para que todas las naciones de la tierra supieran que el Señor es poderoso, y para que ustedes aprendieran a temerlo para siempre.”  Josué 4:24 (NVI)
Piedras
Mi tía Merita me compartió este texto y me hizo mucho bien.
Finalmente el día había llegado. Después de tanto esperar y desear, Josué hizo cruzar al pueblo a través del río Jordán en seco. El sucesor de Moisés comenzó su tarea con el pie derecho. Dios hizo un milagro y todos cruzaron. Comenzaba la cruzada para conquistar la tierra prometida y tener un hogar. El cruce milagroso del río sería solo el primero de los milagros que Dios haría por medio de Josué para ayudar a su pueblo.
Antes del cruce, Josué mandó que un hombre de cada tribu tomara del lecho seco del río una piedra. Los elegidos tomaron una piedra cada uno y cruzaron el río con ese peso incómodo. Nadie comentó el tamaño, pero estoy seguro que no habrán sido piedras chiquitas. Cada piedra representaba a una tribu, y habrán elegido la más grande que encontraron. No fue sencillo caminar con ese peso, pero los doce lo hicieron.
Con esas doce piedras Josué hizo un altar cuando llegaron todos a la otra orilla. Era un altar para adorar a Dios por su grandeza y poder, pero también un ícono para la buena memoria. Dios sabía que ese pueblo que lo estaba alabando iba a despreciarlo algunos años más tarde. Y sabiendo lo frágil de la memoria de los seres humanos, les dejó ese recordatorio de amor, poder, entrega y cuidado.
Porque si el pueblo recordaba el poder de Dios, su grandeza y santidad; su actitud sería consecuente. El temor a Dios no es miedo, sino respeto. Conocerlo y saber cómo piensa, nos ayuda a condicionar nuestras malas acciones y decisiones, para alinear nuestro comportamiento a Su Deseo.
Las doce piedras son un símbolo que recuerdan que Dios es todopoderoso. Son para recordar que hace milagros impresionantes y para temerle cada día. Pero a pesar del recordatorio el pueblo de Israel fracasó y se apartó de Dios.
Me compartía Merita que Dios nos sigue poniendo piedras en nuestro camino, que nos dificultan el andar, que molestan, que duelen, que entristecen, que pesan. Pero esas mismas piedras que Dios nos pone, son el recordatorio de su Mano poderosa con nosotros. Y su finalidad sigue siendo la misma que la de aquel cruce milagroso: temer a Dios. ¿Hay piedras en tu vida? Son para refrescar tu mala memoria.
REFLEXIÓN – Elegí, piedras o temor de Dios.

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